50 años de trauma

COMPARTIR
Tiempo estimado de lectura:
6 minutos

Este 24 de marzo se cumplen 50 años desde el inicio de la dictadura de 1976 a 1983.
El paso del tiempo construye un abismo insondable entre dos momentos históricos.

Comparar, como dos fotos, 1976 con 2026 nos enfrenta a imágenes muy disímiles, es necesario un ejercicio de memoria y reconstrucción histórica para encontrar los senderos que llevaron de aquella sociedad a ésta, y, entonces, descubrimos que los elementos de la foto de hoy tienen una explicación, que hay cosas distintas en esa imagen, pero otras muy parecidas aunque pintadas de otro color.

El 24 de marzo de 1976 es una fecha muy importante para la historia argentina, digámoslo claramente, posiblemente la más nefasta de toda la trayectoria como país. Como toda fecha que pretende dar cuenta de cambios político-sociales, es imposible ubicar en un solo día el quiebre, hay quienes señalan el 4 de junio de 1975, día del “Rodrigazo”, como el antecedente necesario que marcó la inflexión en lo económico.

Vamos por la comparación de las fotos. Si vemos a la Argentina de principios de los años ’70 nos encontramos con un país industrial, con pleno empleo, casi sin pobreza, con trabajadores con derechos, con educación y salud pública para todo el mundo (esto estaba fuera de discusión y si había quien no accedía, porque los había, se reconocía que había compensar la carencia), un país en que la promesa del ascenso social era posible, era un país donde el que se esforzaba avanzaba, un país en que la igualdad era la regla, en la escuela pública se encontraba el hijo de un acaudalado empresario con el del obrero más humilde. La foto de hoy ¿es necesario describirla? Es todo lo contrario.

¿Qué pasó en medio?

Claro, pasó mucha agua bajo el puente, pero el mayor torrente fue la dictadura. Fue la dictadura el punto de quiebre para iniciar una decadencia de la que no podemos salir. Prolifera la chicana partidista respecto de la “decadencia” argentina, si hay un tiempo en que puede situarse es durante la dictadura. El cambio de las reglas económicas provocó un industricidio, un cambio de modelo desde la industrialización sustitutiva a lo que Mario Rapoport llama “modelo rentístico-financiero”.

Por estos días ha sido noticia el cierre de FATE. No es casual que esa empresa sea un símbolo de cambio de época. Uno de los proyectos que truncó la dictadura fue las calculadoras argentinas, los memoriosos las recordarán, conocidas por la marca CIFRA, que debían derivar en computadoras íntegramente argentinas, no ensambladas, construidas totalmente en nuestro país. ¿Podemos fantasear con un futuro que pudo haber sido, el de una Argentina potencia en hardware informático? Una veintena de desaparecidos, secuestrados por aquel gobierno, impidió la continuidad del proyecto.

Es que el golpe de 1976 tuvo como primera motivación el cambio radical del modelo económico. Como suele recordar Gustavo Campana, la primera medida económica del ministro José Alfredo Martínez de Hoz fueron los 30.000 desaparecidos.

El cambio de la estructura económica supuso la preeminencia de lo financiero y una regresión a la producción primaria (actividad agropecuaria y minera). Hubo interregnos como 1983 – 1985 o 2002-2015 en que se intentó cambiar el modelo económico de la dictadura pero la resistencia de los factores de poder prohijados por aquellos años pudo más. Cuando no tuvieron el poder político, impidieron la transformación, cuando lo tuvieron profundizaron el modelo de la dictadura.

Los actuales factores de poder se constituyeron en gran medida durante la dictadura, quizás el caso más emblemático, con decisiva incidencia hasta el presente, es el grupo Clarín, que a partir de apropiarse de Papel Prensa, la única fábrica de papel para diarios en Argentina, en un camastro de torturas a familiares de David Graiver para que firmaran el traspaso de las acciones, se quedó con gran parte de los medios de comunicación masiva del país. La dictadura se fue pero Clarín quedó y siguió siendo dueño no sólo de Papel Prensa sino de gran parte de los diarios, y luego del fútbol, y luego de la TV por cable, y de radios, de TV por aire, y hoy de Telecom y Telefónica y tanto más.

La dictadura no sólo posibilitó la construcción de varias de las grandes corporaciones actuales, también destruyó grandes empresas de su época. Sasetru era la principal productora de alimentos del país, con más de 10.000 empleados, a la que la dictadura llevó a la quiebra en una maniobra de persecución política y económica implementada desde el Estado. Destaca la presión ejercida sobre la empresa para que entregue la lista de delegados sindicales a lo que los directivos se negaron, “hubiera sido enviarlos a la muerte” señaló uno de ellos.

Mendoza conoce bien el secuestro de los hermanos Greco, detenidos por la dictadura y desapropiados del grupo empresario largamente más importante de la provincia.

Es decir, la dictadura cambió de manos a punta de fusil la riqueza en el país. La democracia funcionó con un poder económico que ya había cambiado su fisonomía, nunca reparó aquellos delitos, en gran medida porque los jueces siguieron siendo los mismos (y los posteriores deben rendir pleitesía a los factores de poder con matriz dictatorial).

Es valioso y necesario recuperar las imágenes horripilantes de los secuestros, los emblemáticos Falcon verdes, las torturas, los centros clandestinos de detención, el robo de bebés, pero no debemos confundirnos, esas figuras que pueden desteñírsenos a sepia en la mente están presentes en cada vívida imposibilidad o frustración del presente. Son la condición de posibilidad para que farabutes como Macri o Milei se exhiban impunemente pregonando el modelo colonial que frustra reiteradamente al país.

Porque, digámoslo directamente, desde su independencia, Argentina lucha entre un país emancipado y un modelo de colonia. La dictadura genocida fue la implementación del modelo de colonia en su variante más violenta. Con diferencias en los métodos, el modelo sigue vivito y coleando. Tan vivo como la resistencia y el anhelo de la mayoría de los argentinos de construir un país independiente, soberano y anclado sobre la dignidad de cada uno de los ciudadanos y ciudadanas.