El uruguayo César Cedrés asegura que la aplicación de insecticidas durante tareas agrícolas provocó la muerte de casi mil colmenas. Reclama controles estatales y advierte sobre el impacto ambiental y sanitario.
Cedrés explicó que el episodio ocurrió en tres establecimientos diferentes y que afectó aproximadamente un tercio de las 3.400 colmenas con las que trabajaba. Según detalló, las abejas no estaban dentro de los cultivos, sino ubicadas a algunos cientos de metros, pero igualmente entraron en contacto con los productos aplicados durante el día.
“Las abejas reciben el producto cuando están trabajando en las flores, vuelven a la colmena y allí terminan contaminando al resto de la colonia”, describió. El efecto no se limita a las abejas pecoreadoras, sino que alcanza también a las nodrizas y al conjunto de la colonia, profundizando el daño productivo.
El productor estimó que perderá alrededor de 100 tambores de miel (330 kg cada uno aproximadamente) entre la cosecha actual y el tiempo que demandará recuperar los apiarios afectados. Calcula que el perjuicio económico ronda los 40.000 dólares.
Falta de controles
Cedrés responsabilizó al Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca de Uruguay por permitir el ingreso de productos fitosanitarios prohibidos en otros países y por la escasa fiscalización sobre su utilización.
Además, cuestionó que muchos aplicadores utilizan dosis superiores a las recomendadas y realizan las pulverizaciones en horarios donde las abejas todavía se encuentran trabajando sobre las flores.
“Si estas aplicaciones se hicieran después de la caída del sol, el daño sería mucho menor”, sostuvo.
El apicultor también lamentó que en Uruguay no existan mecanismos de compensación para este tipo de pérdidas. Explicó que iniciar acciones judiciales resulta prácticamente imposible por los costos económicos que implican y porque los procesos suelen extenderse durante años.
Una advertencia que trasciende a las abejas
Durante la entrevista, Cedrés remarcó que el problema no afecta únicamente a la apicultura. Recordó que las abejas cumplen un rol fundamental en la polinización de numerosos cultivos y advirtió que la exposición a agroquímicos también representa un riesgo para la salud humana.
“Las abejas son las primeras que sufren esto, pero el ser humano es parte de la cadena y no va a pasar mucho tiempo para que las consecuencias también se vean en las personas”, expresó.
El caso, ocurrido en Uruguay, reabre un debate presente en distintos países de la región sobre el uso de agroquímicos, los controles durante las aplicaciones y la necesidad de compatibilizar la producción agrícola con la protección de la biodiversidad y de actividades como la apicultura.
Compartimos la entrevista completa con el apicultor uruguayo: