Bendición de los Frutos entre festejos y reclamos: productores exponen la crisis y funcionarios la niegan

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La celebración vendimial, celebrada en Lavalle despues de 17 años, volvió a mostrar su costado simbólico y festivo, pero también dejó al descubierto el fuerte contraste entre el optimismo oficial y la crisis que atraviesan productores de nuestro departamento.

La Bendición de los Frutos inauguró una nueva Vendimia en Lavalle con el ritual tradicional de agradecimiento por la cosecha. Autoridades provinciales y municipales participaron del acto que, como cada año, buscó transmitir un mensaje de esperanza ligado al trabajo de la tierra.

Sin embargo, detrás del escenario ceremonial, el clima fue otro. Reclamos por el agua, cuestionamientos ambientales y el duro diagnóstico de los productores marcaron una jornada atravesada por tensiones que contrastaron con la estética festiva del calendario vendimial, que aunque se intentó negar, quedó al descubierto.

La mirada local y las diferencias de prioridades

El secretario de Desarrollo Local de Lavalle, Juan Jaime, reconoció un contexto complejo para la producción y apuntó a la falta de políticas estructurales que acompañen al sector. El funcionario remarcó que el departamento mantiene posiciones claras en torno al cuidado del agua y el uso del territorio, y planteó la necesidad de avanzar en obras clave como el tratamiento de líquidos cloacales y su reutilización para riego, pensando en el futuro productivo.

Si bien destacó instancias de articulación con la provincia, admitió límites en ese acompañamiento: “no es la que uno quisiera o la que nos hace falta”, señaló, dejando entrever diferencias respecto de las respuestas necesarias frente a la situación del sector.

Optimismo oficial frente a una realidad más que discutida

La postura del gobierno provincial apareció en boca del ministro de Producción, Rodolfo Vargas Arizu, quien, en diálogo con El Despertador, sostuvo un diagnóstico opuesto al expresado por el sector productivo.

Ante consultas por productores que evalúan no cosechar debido a la baja rentabilidad, el funcionario relativizó la situación: “Se ha creado un clima de que todo está mal y no es así”, aseguró, señalando que crecieron las exportaciones y que el consumo de vino aumentó un 5% en el último año. Incluso relativizó la posibilidad de que productores abandonen la cosecha, al señalar que existen créditos y asistencia suficientes.

También descartó preocupaciones vinculadas al impacto de la minería sobre el agua, afirmando que el consumo del sector es mínimo y que los controles ambientales son adecuados. Sus declaraciones, sin embargo, chocaron con los testimonios recogidos durante esa misma noche en el polideportivo municipal.

“No trabajamos para ganar, trabajamos para sobrevivir”

Muy distinta fue la lectura de quienes trabajan diariamente en las fincas. Víctor Ghiotti y Ricardo Giménez, presidente y secretario de la Cámara de Productores de la Zona Norte, describieron un escenario crítico y cargado de incertidumbre y pusieron palabras a una realidad muy distinta a la descripta por el ministro. “El clima en la producción es muy hostil. Nuestros productos están muy mal valorados y la vitivinicultura está por el piso”, afirmó Ghiotti.

Giménez explicó que la participación en la Bendición también busca visibilizar la defensa del agua y acompañar institucionalmente un momento complejo para el sector. Pero el contraste con la fiesta fue inevitable.

Los productores señalaron que el principal problema es la falta total de rentabilidad frente al aumento de costos y las condiciones impuestas por el mercado: “se nos imponen los precios y se nos imponen los plazos”. Advirtieron además que algunos viñateros evalúan no levantar la cosecha, una decisión extrema que refleja la gravedad del momento. “Eso ya es lo último a lo que llega el productor. Hoy lo único que hace es tratar de sobrevivir”, remarcaron.

El contraste entre el discurso oficial y la experiencia cotidiana fue uno de los ejes más repetidos durante la jornada.

El agua volvió al centro de la escena

El reclamo por la defensa del agua volvió a hacerse visible en uno de los actos centrales del calendario vendimial. Durante la Bendición de los Frutos, la consigna “el agua de Mendoza no se negocia” se escuchó mientras el arzobispo Marcelo Colombo realizaba la bendición, marcando la presencia de sectores sociales y ambientales que vienen manifestándose en distintos eventos públicos.

La intervención retomó el clima que ya se había expresado el pasado domingo, en la Vendimia departamental, donde también se registraron manifestaciones vinculadas al cuidado del recurso hídrico por parte de los y las artistas que desplegaron una gran bandera argentina con la consigna “sin agua Lavalle desaparece”.

Volviendo a la Bendición de los Frutos, el momento de mayor tensión se produjo durante el tradicional golpe de reja encabezado por el gobernador Alfredo Cornejo. Allí, los cánticos aumentaron en volumen y presencia, evidenciando la persistencia del reclamo en un escenario institucional y simbólico para la provincia.

El tema también estuvo presente en un hecho poco habitual dentro de la ceremonia: la participación conjunta del Consejo Interreligioso de Mendoza, integrado por comunidades islámicas, judías, cristianas, budistas, africanistas, krishna y representantes de pueblos originarios.

Como llamado a la oración, referentes de distintos credos realizaron ritos con instrumentos ancestrales y pronunciaron un mensaje con fuerte contenido ambiental. En la oración colectiva agradecieron la fertilidad de la tierra, pero también asumieron un compromiso explícito con el cuidado de la naturaleza y la “casa común”.

El mensaje incluyó un reconocimiento poco frecuente en este tipo de ceremonias: la necesidad de fortalecer el compromiso social frente al deterioro ambiental y proteger los bienes naturales para garantizar una relación justa entre humanidad y territorio.

Aunque sin menciones directas, el pronunciamiento fue leído por muchos presentes como una señal crítica hacia las políticas provinciales vinculadas al manejo del agua y el avance de proyectos extractivos, que se reflejó en un aplauso generalizado por parte del público presente.

Así, la Bendición de los Frutos volvió a condensar las contradicciones de la Mendoza productiva: mientras el escenario celebró la cultura del trabajo y la abundancia, productores, organizaciones y referentes sociales pusieron en evidencia un escenario de incertidumbre creciente.

Entre discursos optimistas, reclamos ambientales y fincas que luchan por sostenerse, la ceremonia dejó una imagen difícil de ignorar: la Vendimia continúa celebrando sus frutos, pero cada vez más voces advierten que quienes los producen atraviesan una de sus etapas más críticas.