Brasil no ruega

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El 12 de Mayo de 2025 se anunció a Carlo Ancelotti, el italiano múltiple campeón en las ligas de España, Italia, Francia e Inglaterra, como el nuevo director técnico del Scratch, de la Canarinha, de los Samba Boys. Por si no se entendió, de la selección mayor de fútbol masculino de Brasil.

La máxima ganadora de títulos mundiales llegaba a los 23 (hoy ya 24) años persiguiendo el tan ansiado hexa desorientada, sin rumbo, sin saber muy bien por donde encarar la renovación, con 4 técnicos que se fueron reemplazando entre ellos en apenas dos años. Hasta llegar a la tan temida decisión: contratar un DT extranjero, y no sólo eso, un italiano, tal vez la escuela futbolística más opuesta al tradicional y arraigado jogo bonito. Había que revertir años de frustraciones y eliminaciones tempranas incluyendo un 1-7 contra Alemania en un Mundial jugado en propio suelo.

Habrá habido voces detractoras, pero la realidad es que muchos pensaron que la mixtura entre la materia prima brasilera y la mano del orden del DT italiano iba a dar frutos indefectible y rápidamente. Para mejor, Ancelotti venía de dirigir hace no mucho a la estrella actual del fútbol brasilero: Vinicius.

Nunca tan lejos; el Mundial nos mostró que por mucho Vinicius, muy poco toquinho; los robots gigantes noruegos le robaron la pelota y con paciencia fueron dominando el partido de Octavos de final en el que dejarían afuera al gigante. Si la tan esperada invasión extraterrestre con abducción de Neymar y Vinicius incluida se hubiera dado en el partido del domingo con Noruega, tengan por seguro que si se guiaban por el fútbol jugado en ese partido y sin saber de camisetas, los aliens se habrían llevado a Nusa y Bobb en lugar de a los verdaderos brasileros.

Tristeza nao tem fim, la participación de Brasil en el Mundial sí. Pero lo más triste para los brasileros debe ser que han perdido su esencia, lo verdaderamente triste es haber visto las camisetas amarillas corriendo todo el partido atrás del toqueteo de los de rojo.

Neymar y otros jugadores ya históricos de la selección como Marquinhos y Casemiro seguramente se despidan tras esta nueva frustración, pero el brasilero de a pie, el que come feijoada y toma cachaça ya no les va a pedir que vuelvan, sólo esperaran que vuelva el verano y el carnaval.