Caravanazo en Uspallata: voces de una pueblada que vuelve a decir no a la megaminería

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La movilización hacia Uspallata sumó una nueva jornada de masividad, organización y testimonios diversos. En la ruta, en la rotonda y en el camping, la defensa del agua volvió a unir generaciones, territorios y luchas.

La caravana todavía no había terminado de acomodarse en la rotonda del ingreso a Uspallata cuando la certeza ya estaba instalada: la convocatoria había superado todas las expectativas. “Los videos que llegaron son impresionantes. Una vez más estamos demostrando que la megaminería no tiene licencia social, ni en Uspallata ni en todo Mendoza”, resumió Federico Soria, referente de la Asamblea de Vecinos Autoconvocados de esa villa cordillerana. Para Soria, el escenario que se abre no deja lugar a dudas: “La única forma es que la gente en la calle tuerza el brazo del poder político y económico. Por eso seguimos adelante con la lucha: no a Minera San Jorge, sí al área natural protegida Uspallata–Polvaredas”.

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Sectores de la opocisión al gobierno provincial también estuvieron presentes. Entre banderas, familias y vehículos que seguían llegando, José Luis Ramón, diputado provincial, definió lo que se vivía como la segunda gesta sanmartiniana por el agua. Destacó el número de personas movilizadas y remarcó que el mensaje debía amplificarse: “Este proyecto está a contramano de lo que el pueblo quiere. Quieren llevarse puesto un bien tan preciado como el agua, y eso acá se ve con claridad”. Ramón recordó además las acciones judiciales presentadas para frenar el proyecto y sostuvo que la movilización permanente es lo que más incomoda al gobierno provincial: “A esto le tienen temor. La paz y la convicción de la gente hacen imposible cualquier intento de provocación”.

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Desde Las Heras, Carlos Russo, integrante de la Asamblea por el Agua Pura de ese departamento, puso el foco en el entramado social que se expresa en cada marcha. Habló de soberanía, de bienes comunes y del encuentro entre generaciones, pero también fue contundente al analizar el trasfondo del conflicto: “La megaminería no solo contamina, también degrada comunidades e instituciones. Lo único que pone al contado es la coima”. Para Russo, la persistencia de la protesta tiene impacto incluso en quienes buscan invertir: “Los inversores miran el conflicto social. Y cuando ven a la gente en la calle, entienden que este no es un lugar cómodo para hacer este tipo de negocios”.

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La defensa del agua tomó una dimensión aún más profunda cuando habló Julio González, integrante del pueblo Huarpe de Lavalle. Llegado desde el secano, expresó la emoción de estar frente a los cerros y al dique Potrerillos: “Desde Huanacache siempre miro estos cerros con la esperanza de ver regresar el río”. Señaló la falta histórica de acceso al agua en su territorio y la necesidad de solidaridad hídrica, pero definió la jornada como un acto de amor colectivo: “Nos respaldamos entre el pueblo mismo para cuidarnos y cuidar este recurso tan bonito que es el agua”. Frente al avance minero, no dudó: “Vamos a resistir año tras año. La minera no va a tener buen resultado en Mendoza”.

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Entre los testimonios más sencillos y potentes, una vecina llegó con su hijo y habló desde lo cotidiano. Defendió su proyecto de vida, los animales, los árboles y el lugar donde eligió vivir. “Solo traen destrucción. No saben que esa misma agua que dicen usar es la que nosotros tomamos”, dijo, mientras su hijo completaba la idea señalando plantas y flores que podrían desaparecer.

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La jornada también se sostuvo con trabajo colectivo. En el camping municipal, mientras se preparaba la comida para el festival, Janet, vecina autoconvocada, explicó su motivación: “Sin agua no hay vida. Lucho por amor a la tierra, a mi país”. A su lado, Rodrigo Bori, mendocino nacido en Chubut, recordó una experiencia similar: “Allá tuvimos una lucha igual y la ganamos. El agua es para el pueblo siempre”. Entre ollas y discos, contaron que la comida se hacía con donaciones de asambleas de distintos puntos de la provincia.

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La caravana siguió su curso y la tarde avanzó en Uspallata. En cada testimonio, con palabras distintas, se repitió una misma convicción: el agua no se negocia y la defensa del territorio se construye en la calle, de manera colectiva y persistente.