Mientras avanza el proceso para su demolición y reconstrucción, un arquitecto lavallino propone conservar la estructura original por su valor histórico y arquitectónico.
La reconstrucción de la Comisaría 17 de Lavalle avanza en su etapa administrativa, con empresas interesadas y un presupuesto estimado en torno a los 2000 millones de pesos para una obra integral que contempla demolición y construcción desde cero. La iniciativa responde a necesidades operativas y edilicias largamente señaladas por la fuerza policial.
Sin embargo, en paralelo a este proceso, comenzó a abrirse un debate que trasciende lo funcional: ¿qué lugar ocupa ese edificio en la memoria y el patrimonio local?
En ese marco, el arquitecto lavallino Santiago Herrera planteó públicamente la necesidad de repensar la demolición total. Su postura no se basa en una defensa nostálgica, sino en una mirada arquitectónica: “siempre me pareció que era un edificio muy característico de una época… tiene un valor arquitectónico importante”, señaló en diálogo con «Entre mate y mate».
Un edificio con identidad
Según Herrera, la actual comisaría responde a una lógica de arquitectura racionalista, propia de las décadas del 40 y 50, muy presente en edificios públicos de Mendoza y el país. Aunque no existe precisión absoluta sobre su fecha de construcción, hay coincidencias en ubicarla en ese período.

“Forma parte del perfil urbano de Lavalle”, explicó, y remarcó que su valor no depende únicamente de la antigüedad sino de su identidad arquitectónica: “no es necesario que algo tenga determinada cantidad de años para ser considerado patrimonio”.
En ese sentido, comparó el caso con otros edificios emblemáticos de la provincia que comparten ese lenguaje y que hoy son reconocidos como parte del patrimonio.
¿Demoler o integrar?
El planteo del arquitecto no desconoce el deterioro del edificio ni las necesidades actuales de infraestructura. Por el contrario, propone una alternativa intermedia: construir nuevas instalaciones sin eliminar completamente la estructura existente. “El terreno es muy grande… se puede construir lo nuevo y dejar el edificio anterior, aunque no sea 100% operativo”, sostuvo.

Incluso sugirió que podría resignificarse con otros usos: desde oficinas hasta una parte como museo. La idea central es evitar una pérdida total que, como ha ocurrido en otros casos locales, luego genera arrepentimiento. En ese sentido Herrera recordó, por ejemplo, la demolición de la antigua iglesia frente a la plaza departamental, hoy evocada mediante una escultura: “todo el mundo se lamenta de que haya desaparecido”.
Un debate más amplio
Más allá del caso puntual, la discusión abre una dimensión cultural más amplia. Para Herrera, existe una tendencia a descartar lo antiguo en favor de lo nuevo sin evaluar su valor simbólico o arquitectónico. “Es un tema que no solamente es de Lavalle… como que lo viejo no sirve, se tira y se hace nuevo”, reflexionó.
Mientras el proceso licitatorio sigue su curso y aún no se ha adjudicado la obra, el planteo suma una voz al debate público. La decisión final dependerá de organismos provinciales, pero la discusión ya está instalada: entre la modernización necesaria y la conservación del patrimonio, ¿hay un punto de equilibrio posible?
Compartimos la entrevista completa con Santiago Herrera: