Concurso ambiental en Lavalle: transforman residuos plásticos en mobiliario público

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El municipio impulsó un concurso ambiental para reutilizar esferas plásticas en desuso, producto del recambio de luminarias. Dos escuelas locales transformaron residuos en ideas que pronto cobrarán forma en espacios públicos.

En los depósitos de la Dirección de Parques y Servicios Públicos de Lavalle se amontonaban, desde hacía años, decenas de esferas plásticas: los globos blancos de las viejas luminarias que alguna vez iluminaron calles, plazas y veredas del departamento. Habían quedado allí, a medio camino entre el descarte y el olvido, luego de la reconversión a tecnología LED. Hasta que una mirada distinta propuso otro destino.

Cuando llegamos a la dirección, en marzo, vimos que había mucho material que se iba a tirar, pero que todavía tenía una vida útil”, cuenta Federico Zingariello, integrante del área. “Se nos ocurrió que, en lugar de decidir nosotros para qué serviría, fueran los chicos de las escuelas quienes pensaran nuevas funciones”.

Así nació el concurso ambiental de reutilización de residuos plásticos, una experiencia que combinó educación, creatividad y conciencia ecológica. La iniciativa se enmarcó en el lema de Naciones Unidas para 2025, “Sin contaminación por plásticos”, y tuvo como objetivo transformar las esferas descartadas de luminarias en nuevos objetos de utilidad pública.

De los depósitos a las aulas

El proyecto piloto convocó a dos instituciones educativas del departamento: el Instituto “Nuestra Señora del Rosario” de Villa Tulumaya y la Escuela “Juan Bautista Alberdi” de Costa de Araujo. Cada una presentó cuatro propuestas, elaboradas por estudiantes que trabajaron durante semanas junto a sus docentes y equipos municipales.

En el instituto lo hicimos con un quinto año que tiene una materia de proyecto ambiental, entonces ya venían trabajando esa temática. En la Alberdi fue optativo, y aun así se sumaron con mucho entusiasmo”, explica Zingariello. Los grupos debían cumplir con una serie de requisitos formales (introducción, objetivos, presupuesto, justificación) y, sobre todo, demostrar que sus ideas eran viables. “No nos servía algo que costara diez veces más que un basurín común. Queríamos proyectos posibles, que respondieran a necesidades reales del municipio”.

Entre las propuestas aparecieron ideas tan variadas como ceniceros, comederos para animales, macetas, contenedores para baterías de litio o basureros de formas creativas. Tras la presentación de los proyectos escritos, las escuelas participaron de un encuentro en la Casa de la Cultura, donde un jurado plural, con representantes del área de Ambiente, la planta de reciclaje, concejales, ex docentes y personal de Parques, evaluó los trabajos.

Creatividad y futuro

De los ocho proyectos presentados, se seleccionaron dos ganadores: uno por escuela. El primero, del Instituto “Nuestra Señora del Rosario”, fue un basurín para residuos reciclables, pensado para colocarse en oficinas municipales, centros de salud y delegaciones. El segundo, de “la Alberdi”, fue un basurín con forma de monstruo, construido a partir de dos esferas plásticas (una como cuerpo y otra como cabeza) y destinado a los jardines maternales.

Ese monstruo fue un hallazgo. Tiene ocho diseños distintos y va a ser parte del mobiliario en espacios educativos. Los chicos se divirtieron mucho pensándolo y ahora lo van a ver hecho realidad”, cuenta Federico.

La iniciativa no se detuvo en el papel. En las últimas semanas, los equipos ganadores participaron de una mesa de diseño junto a arquitectos, diseñadores y talleres de reciclaje de adultos mayores, donde revisaron detalles técnicos para iniciar la etapa de fabricación. “Estamos entrando en la fase de construcción. La idea es entregar los trabajos terminados antes de que termine el ciclo lectivo, junto con los chicos”, adelanta Zingariello.

La chispa de la conciencia ambiental

Más allá de los objetos concretos que saldrán de los talleres, el proyecto sembró algo más profundo. “Al principio, cuando veían las esferas medio quemadas, no les encontraban sentido”, recuerda Federico. “Pero cuando empezaron a informarse, a pensar necesidades reales, se dieron cuenta de que podían hacer un montón de cosas. Tuvimos que frenarlos porque querían seguir inventando más proyectos”.

La experiencia también incorporó un elemento innovador: el uso de inteligencia artificial para representar visualmente las propuestas. “Les pedí que usaran IA para mostrar cómo quedarían sus diseños. Así podían explicarle al jurado de manera más clara la idea y concentrarse en los aspectos funcionales. Fue impresionante ver lo que lograron”.

Zingariello destaca que la participación juvenil superó todas las expectativas: “El entusiasmo fue enorme. Aprendieron el valor de reutilizar, de pensar en la economía circular y de cuidar los recursos. Creo que entendieron la esencia del proyecto”.

Para el referente municipal, la semilla está plantada y el desafío ahora es sostenerla: “Si fuera por mí, seguimos con esto el año que viene. Ya aprendimos de algunos errores y nos gustaría llegar a más escuelas, sobre todo a las rurales. Lo importante es que ya prendió el bichito: los chicos miran los residuos y ven posibilidades”.

Compartimos la entrevista completa con Federico Zingariello:

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