En Mendoza comenzó a desarrollarse el cuarto Encuentro de Mujeres y Disidencias en Contexto de Encierro, una experiencia única en el país que nació en 2022 con el propósito de garantizar que las voces de quienes viven privadas de libertad también formen parte de los debates feministas y de derechos humanos.
El encuentro, impulsado por la Unidad de Mujeres y Disidencias del Servicio Penitenciario Provincial junto a la Mesa de Cogestión para la Promoción de Derechos, se extiende hasta el 6 de noviembre en los establecimientos donde hay mujeres y disidencias alojadas: Borbollón, Cacheuta, Godoy Cruz, la zona Sur y los sectores donde habitan mujeres trans dentro de penales de varones.
La iniciativa se inspira en la lógica de los Encuentros Plurinacionales de Mujeres y Disidencias, que cada año reúnen a miles de personas en distintos puntos del país. Sin embargo, a diferencia de esos espacios, este encuentro se realiza dentro de los muros del encierro, buscando que allí también se abran caminos de participación, reflexión y organización colectiva.
Visibilizar derechos y desigualdades
“El primer sentido de este encuentro es visibilizar que las mujeres y disidencias privadas de libertad existen, que también son parte de las luchas por la equidad de género y el acceso a los derechos”, expresó Verónica Peccinetti, de la unidad de mujeres y disidencias del servicio penitenciario provincial e integrante de la mesa de cogestión para la promoción de derechos de mujeres y disidencias en contexto de encierro.
La población privada de libertad, en su mayoría mujeres pobres, madres y trabajadoras, atraviesa desigualdades estructurales que se profundizan dentro de las cárceles: falta de acceso a la justicia, a la salud integral, a la educación y a oportunidades de reinserción social.
En ese marco, el encuentro se plantea como un espacio de expresión, debate y construcción colectiva, donde las propias mujeres y disidencias pueden poner en palabras sus experiencias, formular propuestas y hacer oír sus reclamos.
La Mesa de Cogestión que impulsa esta iniciativa está conformada por personal del Servicio Penitenciario, organizaciones sociales, colectivos feministas y universidades. Entre ellas, la Asociación Pensamiento Penal, XUMEK, la Universidad Nacional de Cuyo y la Universidad del Aconcagua, además de artistas, comunicadores y voluntarios que se suman con proyectos culturales y formativos.
Cada año, el trabajo se articula a través de comisiones organizativas, al estilo de los encuentros plurinacionales. Allí participan también las mujeres y disidencias alojadas, que proponen talleres, eligen temáticas y preparan producciones artísticas o comunicacionales.
“Este encuentro viene a romper con la lógica vertical que suele predominar en las instituciones penitenciarias, señala Peccinetti. Acá la propuesta es horizontal: construimos juntas, desde la palabra, la escucha y la experiencia compartida.”
Temas que atraviesan el encierro
Durante los meses previos se realizaron talleres en cada unidad penitenciaria para identificar las problemáticas más urgentes. De allí surgieron los ejes del encuentro de este año: acceso a la justicia y derechos humanos, maternar en contexto de encierro, identidades trans, salud mental, diversidades sexuales y régimen progresivo de la pena.
Las conclusiones que surgen de cada edición se sistematizan y se transforman en propuestas concretas de trabajo para las instituciones involucradas. “Es una manera de evaluar en qué hemos avanzado y qué desafíos siguen pendientes”.
La participación es totalmente voluntaria y, según estimaciones, alrededor del 80% de las 200 mujeres y disidencias alojadas en la provincia eligen sumarse a las actividades del encuentro.
Tejer redes hacia afuera
Aunque el corazón del encuentro late dentro de los penales, su espíritu trasciende los muros. A través de redes sociales, producciones radiales y muestras artísticas, se busca visibilizar hacia la sociedad lo que ocurre adentro y tender puentes con organizaciones de derechos humanos, colectivos feministas y comunidades educativas.
Uno de los objetivos principales es romper el aislamiento simbólico que muchas veces pesa sobre las personas privadas de libertad. “Difundir lo que pasa, compartir las conclusiones y sumar proyectos desde afuera también es una forma de acompañar”.
Este año, la organización autogestionó sus recursos mediante una rifa solidaria, que permitió cubrir los gastos materiales del encuentro. “Fue un gesto colectivo, un modo de sostener el trabajo desde la cooperación y no desde la dependencia institucional”, valoran las integrantes de la mesa.
Una experiencia pionera
Hasta el momento, Mendoza es la única provincia del país donde se realiza un encuentro de estas características. Sin embargo, la experiencia ha despertado interés en otros lugares como Santa Fe y Jujuy, donde algunas instituciones comenzaron a proyectar espacios similares.
El desafío es seguir ampliando la red y generar instancias de intercambio entre mujeres y disidencias privadas de libertad de diferentes provincias. “La idea es que estas voces se escuchen, que sus reflexiones circulen, que sus derechos no queden encerrados”, remarcan desde la organización.
Porque cuando el encuentro sucede, aunque sea entre muros, se siembra libertad: la de pensar, la de decir, la de volver a imaginar una vida digna y posible más allá del encierro.