Día de la Soberanía Nacional: la Vuelta de Obligado y una novela que empuja la historia hacia el presente

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Hoy se conmemora el Día de la Soberanía Nacional, fecha que recuerda la Batalla de la Vuelta de Obligado, en el río Paraná, aquel jueves 20 de noviembre de 1845 en que un puñado de baterías defendió el paso del Paraná frente a la poderosa flota anglo-francesa. «Todos los huesos de un río» es el libro del sanpedrino Román Solsona, novela atravesada por esa resonancia histórica

La imagen escolar de cadenas cruzadas de costa a costa suele quedarse en dos o tres pinceladas de nuestras memorias, pero en la Vuelta de Obligado, donde esa curva ancha del río todavía respira memoria, la batalla sigue latiendo en la vida cotidiana. Muy cerca de ahí, en San Pedro, norte de Buenos Aires, vive el comunicador y escritor Román Solsona, que desde ese paisaje escribió esta novela, finalista del Premio La Bestia Equilátera 2024.

Solsona se presenta con la cordialidad de quien habla desde su territorio: “a mitad de camino entre San Pedro y Ramallo está la Vuelta de Obligado, un paraje a orillas del Paraná, con una hermosura natural prodigiosa y un valor histórico tremendo”. El río, dice, se ensancha como si tirara el pecho hacia adelante antes de encarar la curva que da nombre al lugar. La geografía es parte de la identidad: barrancas altas, un puñado de familias pescadoras, turismo creciente y un monumento histórico que hilvana postas y restos del combate.

La vida ahí transcurre entre el rumor del agua y la aparición de gigantes flotantes. “Ver semejantes barcos cargueros pasando tan cerquita es tremendo”, cuenta Román. “Ese contraste entre las bestialidades del transporte naval y los pescadores artesanales es muy fuerte. Por un lado los grandes barcos que se llevan todo; por el otro, familias que de generación en generación viven de la pesca. Ese desequilibrio se ve y se siente”. Su mirada se detiene en esa convivencia tensa entre lo monumental y lo frágil, entre el avance y la persistencia.

Cuando le pedimos entrar de lleno en la historia, Solsona suelta un relato con aroma de fogón: “El asunto es largo, diría mi abuelo, pero conviene retroceder un poco”. Repasa las invasiones inglesas, los informes que advertían que “el pueblo es muy aguerrido”, y el giro hacia una entrada más comercial que militar. “Y eso hicieron. En 1845, en la Vuelta de Obligado se disponen baterías para frenar el avance anglo-francés. La geografía ayudaba: cadenas cruzadas, barcazas sosteniéndolas y las barrancas llenas de artillería”.

La descripción se vuelve casi cinematográfica: “Tiraron con lo que tenían, con municiones que llegaban tarde, y Mansilla pudo dirigir esta derrota digna”. Pero para Solsona la clave está en la escala completa del conflicto: “Conviene estudiar la Vuelta de Obligado como un capítulo de la guerra del Paraná. Habla realmente de soberanía, sobre todo en un momento en el que pareciera que estamos dejando pasar a cualquier Don Juan por nuestra tierra y nuestros recursos” refiriendose a las políticas recientes de quienes gobiernan hoy la Argentina. Y deja caer una frase que se siente más actual que histórica: “La sensación es que las cadenas nos las estamos poniendo nosotros”.

Desde ese paisaje cargado de memoria emerge su novela. «Todos los huesos de un río» transcurre en los años 90, pero con un pulso que sube desde el fondo del tiempo. “Es una novela que tiene algo subterráneo con la batalla que no termina. En un lugar donde la historia sigue presente, un enfrentamiento entre dos pescadores empieza a mover la vida del paraje”. La ficción se vuelve espejo del territorio: rencores viejos, vidas marcadas por el río, un duelo que parece heredado del combate original. “Van a decir que fue un duelo atrasado de la batalla y por eso la historia vino a cobrarlo este 20 de noviembre, también jueves”, escribe en uno de los pasajes que compartió.

El libro todavía espera su edición definitiva, pero ya consiguió un pequeño destino clandestino: “Un par de escuelas en San Pedro lo trabajaron en voz alta, capítulo a capítulo, porque no podía difundirse. Me sorprendió la frescura con la que recordaban los pasajes”. La oralidad como modo de transmisión, otra vez el río moviendo historias.

Román cierra con un abrazo radial: “La palabra es urgente y nos acerca”. Y desde esa orilla donde las cadenas se oxidaron pero la memoria no, recuerda que la soberanía nunca fue un concepto abstracto: siempre fue una escena concreta, un río real y un pueblo que decidió resistir.

Compartimos la entrevista completa de Román Solsona con «Entre mate y mate»:

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