Día del Panadero: una crisis que deja panaderías vacías y miles de puestos perdidos

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La caída del consumo, el aumento de los servicios y los costos de producción golpean al sector. Martín Pinto, referente del sector, habló de 3.000 panaderías cerradas y unos 17.000 trabajadores que perdieron su empleo.

El pasado 4 de agosto se celebró el Día del Empleado Panadero. Este año encontró a los trabajadores del sector lejos de cualquier celebración. La actividad atraviesa una fuerte caída del consumo, un aumento sostenido de los costos y el cierre de miles de establecimientos en todo el país. Según advirtió Martín Pinto, presidente del Centro de Panaderos de Merlo y secretario general del Centro de Industriales Panaderos, en los últimos dos años y medio cerraron alrededor de 3.000 panaderías y se perdieron unos 17.000 puestos de trabajo.

“Lamentablemente, este año no tenemos mucho para festejar”, señaló Pinto, quien describió una actividad “bastante golpeada” y aseguró que el consumo de pan cayó alrededor de un 60%, mientras que productos de pastelería, tortas y tartas registraron una caída de entre el 80 y el 85%. Muchos de esos productos, explicó, dejaron de elaborarse para la exhibición cotidiana y ahora se preparan solamente por pedido.

La postal que describió el dirigente panadero es la de comercios con cada vez menos mercadería y menos clientes. Tortas, sándwiches de miga, ensaimadas y otros productos que antes ocupaban las heladeras y mostradores fueron desapareciendo de la oferta habitual. “Entrás y te da tristeza”, resumió Pinto, al describir panaderías con las heladeras apagadas, poco pan y poca mercadería.

Pero detrás de esa caída hay una cuestión todavía más básica: el bolsillo de quienes compran.

Para Pinto, la principal explicación está en la crisis económica y en la pérdida del poder adquisitivo. “Si la gente hoy no tiene un mango en el bolsillo, compra lo que puede y no lo que quiere”, sostuvo. Como ejemplo, relató el caso de jubilados que le contaron que habían reducido fuertemente el consumo de carne y que, en algunos casos, directamente habían dejado de comprar pan porque tenían que elegir entre ese alimento y los medicamentos.

La situación se vuelve todavía más compleja cuando se observa el otro lado del mostrador. Mientras los clientes recortan sus compras, los costos de mantener abierta una panadería continúan aumentando.

Pinto mencionó fuertes incrementos en los servicios públicos: según su relato, el gas aumentó alrededor de un 1.000%, la electricidad un 800% y el agua un 1.400%. A eso se suman los aumentos de las materias primas, el combustible, los alquileres y el resto de los gastos que debe afrontar cualquier comercio.

La harina, uno de los insumos centrales de la actividad, también viene aumentando, aunque de manera más gradual. Pinto estimó incrementos mensuales de entre un 2 y un 3%, pero remarcó que el problema está en la acumulación de todos los costos: “No hay producto que no se aumente”.

Una panadería sin clientes

El dirigente también puso el foco en algo que permite dimensionar la crisis más allá de las estadísticas: el vínculo cotidiano entre las panaderías de barrio y sus clientes.

Pinto contó que lleva 15 años al frente de su propia panadería y que su negocio se sostuvo históricamente gracias a los vecinos de la zona. Pero en el último tiempo comenzó a notar cambios incluso en las compras más habituales.

Recordó especialmente a una madre que durante años pasaba por la mañana, llevaba a su hijo a la escuela y compraba un kilo de pan y media docena de facturas. Por la tarde volvía a comprar medio kilo más. Hoy, contó, esa misma clienta ya no pregunta cuánto comprar, sino si quedó algo del día anterior.

“Eso te rompe el alma”, expresó Pinto, quien aseguró que, pese a las dificultades, intenta mantener el pan disponible para sus vecinos hasta el último día que pueda mantener abiertas las puertas de su negocio.

Para el dirigente, el fenómeno no afecta solamente a las panaderías. Carnicerías, verdulerías, kioscos y almacenes atraviesan dificultades similares. “Estamos en una etapa crítica que está viviendo la Argentina”, sostuvo.

El costo de quedarse sin trabajo

El cierre de los establecimientos también implica la pérdida de trabajadores especializados. Algunos logran reubicarse en otras panaderías, mientras que otros comienzan a fabricar productos en sus casas o buscaron trabajos completamente diferentes.

Es una situación que, según describió, se repite entre los trabajadores del sector: algunos recurren a trabajos de aplicaciones, otros producen de manera doméstica y otros intentan sobrevivir con actividades ajenas a la panificación.

El problema, sostuvo, es que ninguna de esas alternativas resuelve la cuestión de fondo cuando el consumo continúa cayendo. “Si la gente no tiene plata”, planteó, “todo lo que hagas, todo lo que puedas inventar” resulta insuficiente. La ecuación se vuelve todavía más difícil cuando los ingresos quedan rezagados frente al costo de vida.

“Terminás agotado”

En la entrevista también apareció una consecuencia menos visible de la crisis: el desgaste emocional. Pinto habló de la salud mental como “otro flagelo” que está afectando a quienes intentan sostener sus comercios y sus fuentes de trabajo. “Terminás agotado”, afirmó, y contó que muchas noches se pregunta cómo hará para continuar al día siguiente.

La preocupación, en ese sentido, excede a la rentabilidad de una panadería. Tiene que ver con la dificultad para garantizar cuestiones elementales de la vida cotidiana: llevar comida a la mesa familiar, comprar los elementos necesarios para la escuela de los hijos o afrontar una enfermedad.

“Cuando te quitan la dignidad de llevarle un plato de comida a tus hijos”, expresó Pinto, “cuando no le podés comprar las cosas para la escuela”, la situación deja de ser solamente económica y empieza a afectar profundamente la vida de las familias.

Desde su perspectiva, los números que se difunden sobre la situación económica del país contrastan fuertemente con lo que los comerciantes observan todos los días. Habló de endeudamiento, cheques rechazados y caída del consumo de alimentos y cuestionó que se presenten como éxitos indicadores que, desde su mirada, no se reflejan en la vida cotidiana. “Hoy tenemos récord, pero de cosas malas”, resumió.

Un reclamo que excede al sector

Frente a este escenario, Pinto fue contundente al plantear que los panaderos necesitan un cambio en la orientación económica. Aunque cuestionó abiertamente al Gobierno nacional, aclaró que su preocupación no está relacionada con el color político de quien gobierne.

“No me importa el color del tinte político del gobierno, me importa que le dé resultado a la gente”, afirmó. Su reclamo, explicó, pasa por recuperar el consumo, sostener el trabajo y garantizar que las familias puedan acceder a los alimentos básicos.

En ese sentido, planteó que el próximo gobierno deberá enfrentar una sociedad más exigente y que los trabajadores y las organizaciones gremiales no están dispuestos a otorgar un “cheque en blanco”. “No queremos otro gobierno de ajuste, no queremos otro gobierno de recorte”, sostuvo, reclamando políticas que permitan sostener la educación, la salud, las jubilaciones y el trabajo.

Mientras tanto, el Día del Empleado Panadero vuelve a poner sobre la mesa una paradoja: una actividad ligada a uno de los alimentos más tradicionales y cotidianos de la mesa argentina atraviesa uno de sus momentos más difíciles.

Y para quienes siguen detrás del mostrador, amasando y tratando de sostener las puertas abiertas, este año hay poco para festejar.

Compartimos la entrevista completa con Martín Pinto:

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