Desde la Dirección de Hábitat de Godoy Cruz trabajan junto a las familias del barrio popular Dique Maure para conocer sus principales necesidades y diseñar soluciones concretas. El proyecto comenzó con un relevamiento casa por casa y continúa con talleres, mapeos participativos y articulaciones con distintas instituciones.
En una entrevista realizada en Aguaribay Radio Comunitaria y Educativa, Melissa Chisaki, arquitecta y jefa de proyecto de la Dirección de Hábitat de Godoy Cruz, y Agustina Campos, ingeniera en Recursos Naturales del mismo organismo, explicaron los alcances de un proyecto piloto que se desarrolla en el barrio popular Dique Maure, ubicado en el oeste de Godoy Cruz. La iniciativa parte de una premisa: conocer las problemáticas concretas de las familias y del territorio para generar intervenciones que permitan mejorar sus condiciones habitacionales y, a la vez, aportar información para el diseño de políticas públicas.
Chisaki explicó que la propuesta nació del trabajo que el equipo realiza cotidianamente en los barrios y de la necesidad de aprovechar los datos obtenidos en territorio. “Surgió a partir del equipo que conforma la Dirección de Hábitat, hablando siempre las problemáticas que detectamos en los barrios y cómo podemos hacer o los datos que obtenemos de las familias o de los barrios, cómo podemos utilizarlos de manera eficiente para producir política pública, porque por supuesto nosotros trabajamos representando al municipio de Godoy Cruz”, señaló la arquitecta. De esta manera, el Dique Maure se convirtió en un espacio de experimentación para pensar nuevas formas de abordar las dificultades habitacionales desde una mirada integral.

Un diagnóstico construido con los vecinos
Para comenzar a trabajar, el equipo necesitaba conocer de primera mano cuáles eran las necesidades de quienes viven en el barrio. Por eso, durante 2025 realizó un relevamiento casa por casa que incluyó preguntas vinculadas con aspectos técnicos, ambientales y sociales. Campos explicó que ese primer diagnóstico fue fundamental para definir las líneas de intervención que actualmente se encuentran en desarrollo.
“Es como una prueba piloto que empezamos a hacer ahí en Dique Maure y comenzamos a hacer primero lo que pensamos es que teníamos que conocer cuáles eran las problemáticas de los vecinos”, relató la ingeniera. Y agregó: “Fue un relevamiento casa por casa en el que se le fue preguntando cuestiones técnicas y ambientales y también sociales a los vecinos y de este relevamiento fue que sacamos la información para poder plantear las líneas de intervención que es la que estamos trabajando actualmente”.
Pero el relevamiento técnico no fue la única herramienta utilizada. El equipo incorporó distintas instancias de participación comunitaria para que los propios habitantes pudieran identificar y ordenar las problemáticas que atraviesan diariamente. “Con la población hicimos distintos talleres que, paralelamente al relevamiento que mencionaba Agus, también mapeos colectivos u otras actividades participativas para recolectar y ordenar estas problemáticas”, explicó Chisaki.
La metodología permitió cruzar la información aportada por los vecinos con los datos técnicos obtenidos por el equipo. “De alguna manera, con lo que obteníamos de este diagnóstico territorial o participativo, mezclarlo con los datos obtenidos más técnicos, sistematizarlo y crear subprogramas para poder intervenir en el territorio, siempre con el objetivo de la mejora del entorno barrial”, detalló la arquitecta.
La energía como una problemática cotidiana
El trabajo en el territorio permitió identificar diferentes dificultades, pero una de las cuestiones que adquirió especial relevancia en el Dique Maure fue el acceso a la energía. Chisaki explicó que el barrio presenta una red eléctrica, aunque no se encuentra formalizada, y que esta situación tiene consecuencias que van mucho más allá de la conexión a un servicio.
“Como nosotras trabajamos en distintos barrios populares, sabíamos obviamente algunas cuestiones básicas que tienen que ver con las características de la definición de barrio popular, que es esto de la ausencia de infraestructura, urbanización y todo lo que eso repercute en la vida cotidiana”, explicó. En el caso particular del Dique Maure, agregó, “la problemática era el tema de lo eléctrico”.
A partir de esta situación, el equipo comenzó a trabajar con el concepto de pobreza energética, que permite ampliar la mirada sobre el acceso a los servicios. “No es solo la ausencia de una conexión formal, sino de cómo accedo o si es segura o no o qué parte de mi sueldo, de mi ingreso utilizo para la garrafa”, sostuvo Chisaki. El problema, por lo tanto, también está relacionado con el costo y con el esfuerzo cotidiano que implica garantizar las necesidades básicas de un hogar.
La arquitecta remarcó, además, que estas dificultades tienen un impacto particular sobre las tareas de cuidado, que recaen mayoritariamente en las mujeres. “No es lo mismo abrir una perilla y que salga gas a que tengo que ir a recolectar la leña, toda una logística”, explicó. Buscar agua, conseguir leña o estar pendiente de una manguera comunitaria son actividades que forman parte de una rutina que muchas veces permanece invisible para quienes cuentan con acceso regular a los servicios.
De las necesidades detectadas a las soluciones
El diagnóstico permitió que las acciones del proyecto no fueran intervenciones aisladas, sino que cada propuesta estuviera vinculada con una problemática identificada previamente. Un ejemplo fue el desarrollo de talleres sobre cocinas y energías alternativas, que posteriormente dieron lugar a una línea específica de trabajo.
“Por ejemplo, ese día es el que hicimos el taller de cocinas con energías alternativas. A partir de esta detección creamos el subprograma de cocinas con eficiencia energética, que ya articulamos con INTA y también estamos realizando las capacitaciones de estufas eficientes”, contó Chisaki. La experiencia muestra cómo una necesidad detectada junto a la comunidad puede convertirse en una propuesta concreta y, posteriormente, en un programa de intervención.
Las articulaciones institucionales son, en este sentido, una parte central del proyecto. Una de las actividades se realizó en la plaza de Sol y Sierra, donde participaron habitantes del Dique Maure y también vecinos de barrios consolidados. La propuesta contó con la participación del INTA y con equipos vinculados a la Facultad de Ciencias Agrarias, el CONICET y Luján Sustentable.
Cocinas eficientes y saberes que se comparten
En las actividades sobre energías alternativas, los vecinos pudieron conocer diferentes tecnologías destinadas a reducir el consumo de recursos y ofrecer alternativas accesibles para la cocción de alimentos. Chisaki explicó que se realizaron demostraciones con cocinas a leña eficientes y cocinas solares construidas con materiales reciclados.
“Llevaron todos los artefactos para cocinar, cocinas a leña, pero eficientes, y también las cocinas solares que se hacen con tachos de 200 litros, toda una construcción con materiales reciclados”, relató. La jornada tuvo además un fuerte componente práctico: se cocinaron alimentos y se mostró a los participantes no solamente el resultado, sino también el funcionamiento y la construcción de estas tecnologías.
Entre las alternativas presentadas también estuvo la denominada “olla de bruja”, basada en el principio de la inercia térmica. La técnica permite calentar durante un período corto el alimento y luego mantenerlo aislado para que continúe su cocción sin necesidad de utilizar constantemente una fuente de calor. “El hecho de que las familias usen la garrafa es como que lo calentás un ratito, después se mantiene como una caja de telgopor, bien aislada y se sigue cocinando solo. Entonces, ahorrás muchísimo en este primer” consumo de energía, explicó Chisaki.

Un modelo para pensar futuras políticas públicas
El proyecto que se desarrolla en Dique Maure busca así ir más allá de una intervención puntual. La experiencia combina relevamientos técnicos, participación vecinal y articulación institucional para transformar las necesidades identificadas en propuestas concretas. Para la Dirección de Hábitat, el desafío consiste en que ese conocimiento construido en el territorio también pueda convertirse en una herramienta para pensar políticas públicas destinadas a otros barrios populares.
La experiencia muestra, además, la importancia de incorporar las voces de quienes habitan esos territorios en el diseño de las soluciones. El diagnóstico no se limita a detectar carencias de infraestructura, sino que busca comprender cómo esas condiciones afectan la vida cotidiana, el acceso a la energía, las tareas de cuidado y la economía familiar. En ese proceso, el proyecto piloto del Dique Maure intenta abrir un camino: conocer el territorio, escuchar a sus habitantes y transformar esa información en políticas capaces de mejorar las condiciones de vida.