El próximo 2 de agosto, el gobierno de Mendoza convocó a una audiencia pública por el proyecto megaminero San Jorge, pero decidió realizarla en el campamento privado de la empresa, lejos del acceso popular, en plena alta montaña, a unos 70 km de la villa de Uspallata. Lejos del pueblo. Lejos de los ojos atentos que no se tragan el verso del “progreso”.
Desde el departamento de Lavalle, Paula Guerra, de la Asamblea por el Agua Pura de Huanacache, nos cuenta cómo se preparan:
“Este proyecto va a afectar nuestras aguas, nuestras tierras, el aire que respiramos. Se instalaría sobre glaciares y nacientes del río Mendoza. Van a usar millones de litros de agua por día, sin pagar un peso. El arroyo Tigre lo van a secar. Y los residuos van a quedar en un dique de cola sin geomembrana, filtrando veneno a las napas.”
La descripción da escalofríos. No es una exageración: se trata de una minería que usaría químicos tóxicos, en zona sísmica, a pocos kilómetros de comunidades que ya viven con arsénico en el agua y sufren año a año la emergencia hídrica. “Esto no es un problema solo de montaña. Acá en Lavalle, el agua no sube al tanque en verano, y con este proyecto se la regalarían a una multinacional. Agua que después queda contaminada para siempre.”
Frente a esta situación, las asambleas nucleadas en AMPAP decidieron organizar una audiencia del pueblo. Será también el 2 de agosto, pero en el corazón de Uspallata, con participación abierta, escribano público y actas que certifiquen el voto popular.
“La verdadera audiencia es esta, en el pueblo. Porque la otra, la que organiza el gobierno, no es pública ni participativa. Solo cumple con un trámite, una puesta en escena. Y nosotros no queremos quedarnos calladas.”
Como parte de la movida, en Lavalle habrá este jueves 31 de julio un caravanazo informativo. A partir de las 17, vecinas y vecinos recorrerán barrios, plazas y calles repartiendo volantes, charlando, visibilizando lo que los medios hegemónicos no muestran. “Cuando contamos lo que está pasando, mucha gente se sorprende. Nos dicen: ¿cómo puede ser que no lo sabía? Por eso es clave salir a hablarlo.”

Además, el 2 de agosto, desde la intersección de las rutas 40 y 7, se lanzará una caravana hacia Uspallata. Se sumarán asambleas y colectivos de distintos puntos de la provincia: Lavalle, Luján, San Carlos, San Rafael. En cada parada, la misma pregunta: ¿vale la pena regalar nuestra agua por un poco de oro?
A quienes no puedan asistir, se los invita a enviar su participación por escrito al correo audienciapublica@gmail.com. También se están recibiendo videos testimoniales por WhatsApp, que serán proyectados durante la audiencia popular.
Pero hay más. Paula cuenta que desde hace años duerme en la Legislatura un proyecto de ley para declarar área natural protegida a la zona de Uspallata-Polvaredas. Una iniciativa que busca preservar las nacientes del agua mendocina y evitar que intereses económicos definan el futuro de los territorios.
“Estamos peleando para que se retome ese proyecto. Que se trate. Que se apruebe. Porque ya no estamos para más saqueo, estamos para proteger lo que queda. Para sostener la producción local, la agricultura familiar, para que haya agua para las infancias, para los abuelos, para la vida.”
El mensaje es claro. No se trata solo de una mina. Se trata del modelo de provincia que queremos. Una que defienda su bien más preciado —el agua— o una que lo entregue al mejor postor.
“Esto no es progreso. Esto es muerte”, dice Paula. Y su voz se multiplica. En los micrófonos populares, en los corazones de quienes entienden que el agua no se negocia. Que el agua corre en nuestras venas. Que sin agua no hay pueblo, ni memoria, ni futuro.
Este 2 de agosto, la montaña también hablará. Y del otro lado, el pueblo responderá. Con claridad. Con fuerza. Con amor por la tierra que nos da de beber.

