Mario “Panza” Videla, campeón de la Libertadores 1985, reflexiona desde Lavalle sobre la formación, la técnica y lo que, según él, el fútbol perdió.
El “Panza” Videla fue campeón de América en 1985 con Argentinos Juniors y estuvo cerca de integrar el plantel argentino rumbo al Mundial 86. Hoy vive en Lavalle y dirige en divisiones formativas. Desde esa experiencia, la del alto rendimiento y la del barro cotidiano. analiza con mirada crítica el fútbol actual.
“No se desarrolla lo que se tiene que desarrollar: el cerebro”, dispara. Para el ex volante mendocino, el gran déficit del fútbol moderno está en la formación.
Videla creció en el potrero y se formó en Gimnasia y Esgrima de Mendoza. Su carrera lo llevó a jugar en el país y en el exterior, pero hay una escena que vuelve una y otra vez cuando habla de fundamentos: su padre enseñándole durante un mes a dominar y pegarle a la pelota. “Si lo aprendés, es de por vida”, le dijo. Para él, ahí está la clave.
Cuestiona que muchas escuelas actuales estén conducidas por profesores de educación física que, según su mirada, trasladan una lógica demasiado estructurada al juego. “El fútbol se ha hecho lineal. Todo pase corto, todo con la parte interna, todo hacia adelante. Los ves correr todo el tiempo, pero no sorprenden”.
El ex jugador entiende que el talento no alcanza si no se trabaja, pero también cree que hoy se trabaja mal. “Si no tenés dominio de pelota, no tenés nada. Ves chicos que le pegan y no saben dónde va. Eso antes no pasaba así”. Para él, el error es programar demasiado al jugador desde chico, encorsetarlo en sistemas rígidos sin permitirle improvisar.
La comparación con su época es inevitable. Integró un Argentinos Juniors que fue campeón del Metropolitano en 1984 y de la Copa Libertadores en 1985. Un equipo con personalidad y creatividad, que ganó una final histórica por penales ante América de Cali. A él le tocó ejecutar el último disparo. “Un penal es un penal. Mientras menos pensás, mejor”, dice. Esa serenidad, asegura, tiene que ver con la confianza y con la personalidad que se forja desde temprano.
En el análisis actual pone como ejemplo a River Plate, histórico formador de futbolistas técnicos. “Antes tenía jugadores de habilidad. Hoy le cuesta encontrarlos”, señala. Para Videla, el problema es estructural: “Si programás al chico a jugar siempre de la misma manera, cuando quiere acordar pasaron los años y no desarrolló sorpresa”.
No niega la evolución física ni la profesionalización. Reconoce que el fútbol actual es más intenso y atlético. Pero insiste en que algo se perdió en el camino: la capacidad de ver la jugada antes que el resto. “Tenés que poder cambiar una jugada en milésimas de segundo. Eso no se entrena sólo corriendo”.
También marca diferencias en la presión emocional. “Hoy los chicos se ponen muy nerviosos”, observa. Cree que hay más ansiedad y más entorno influyendo (familias, expectativas, redes sociales) y menos disfrute del juego en sí.
Su crítica no es nostálgica sino formativa. Hoy trabaja en Lavalle con juveniles y ve a diario las dificultades. “Lo primero es enseñarles la base. Y la base es la pelota”. Para él, dominarla, saber pegarle, entender el juego, debería ser el punto de partida.
El campeón de América no reniega del presente, pero sí advierte sobre el rumbo. “El jugador puede tener talento. Pero si no lo trabajás bien, se pierde”. Desde una cancha de tierra en Lavalle, lejos de los grandes estadios, sigue defendiendo una idea: que el fútbol es cabeza, técnica y personalidad. Y que sin eso, por más físico que haya, el juego se achica.