El día del sur global

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El superlunes que nos hizo vivir este Mundial nos permitió celebrar victorias de Davides sobre Goliates. Aquí un resumen de tres partidos históricos.

Los Mundiales habitualmente nos dan la posibilidad de celebrar victorias imposibles de países futbolísticamente inferiores sobre cucos invencibles, o de países pobres sobre ricos. Algunos dirán que esa sensación es un autoengaño y que solo permite que las desigualdades reales (las de fuera de la cancha) se reproduzcan y perpetúen. Y es cierto, pero quién te quita la sensación de dejar afuera a un país de la OTAN cuya selección fue creada en un laboratorio con células madre de la mano de un conjunto de lo que ellos llaman sudakas, que seguro son todos millonarios pero marrones y nuestros.

Paraguay 1 (4) – Alemania 1 (3)

“Nos lo comemos en un pan de pancho”, decían los alemanes sin escarmentar sobre la vergüenza que ya habían pasado con Ecuador tras perder en fase de grupos. Subestimaron el poder de las frases motivacionales de un Alfaro emocional desbordante de oximorons y lugares comunes. El fútbol total de Paraguay le dio una lección de humildad a una Alemania pálida: “El fútbol es un deporte donde juegan once contra once y Alemania no le da miedo a nadie”.

El toque intrascendente europeo, conquistado por la posesión solo como un gesto colonial que no tiene la capacidad de identificar la resistencia y la rebelión: “tenemos la pelota y la tocamos, es nuestra propiedad, nadie nos la va a sacar, no importa cuánto la quieras y ni siquiera importa qué hagamos con ella”. La resistencia guaraní se convirtió en rebelión cuando la defensa robótica alemana olvidó que se juega a hacer goles. Una gran jugada del equipo sudamericano llevó a Enciso a abrir el marcador en el minuto 42 del primer tiempo, momento en que se empieza a terminar el primer acto, “cuando las arañas cabecean”. El golpe psicológico de irse al descanso en ventaja le dio un impulso para la segunda etapa.

El partido fue todo aguantar hasta que no se pudo y en el minuto 54 Havertz hace el empate. Lo siguiente vendría por superioridad moral: dos, tres, cuatro goles más. Alemania goleaba con solo imaginarlo. Tanto ,que olvidó hacerlo. Final del partido.

Y llegó de las peores cosas del fútbol, el tiempo extendido. Media hora más de sufrimiento, calambres, agitación, sudor y horror. Paraguay lo aguantó y lo llevó a penales.

Allí Neuer, el mejor arquero del mundo, fue brillante. Brillante por su ausencia, apático como todo el Mundial, aburrido de ser quien es, con más problemas existenciales que futbolísticos. Y no pudo. El verdadero arquero estrella fue el paraguayo Gil, que con la tranquilidad de un soldado ya muerto, supo detener balazos y matar con la metáfora y la displicencia a una cultura dueña de la displicencia pero no muy amiga de la metáfora.

Llantos de emoción, gritos en toda América Latina, baile y bebida, furia y risa, y un feriado arrancado al ultraderechista de Peña, que cultor del esfuerzo personal no pudo más que someterse a la fiesta popular de la victoria plebeya.

Marruecos 1 (3) – Países Bajos 1 (2)

Quizás el partido más tosco de la historia de los mundiales: hubo gritos fingidos de dolor, sangre, golpes, y una Holanda vergonzosamente amarreta y aburrida. Un auténtico Vantenacchio, defendiendo con 9, esperando con miedo a Marruecos, que sin hacer un gran juego, le movió el balón a los inventores del fútbol total que hace años prefieren jugar sin la pelota, y sí con las quejas, la casi gloria pasada y el juego sucio. El partido también fue a penales, y acorde a cómo se dio el juego, la mayoría fueron pésimamente mal pateados. Países Bajos, otro de los grandes candidatos solo por ser Europa, de quedó afuera; el que sigue es el africano.

Brasil 2 – Japón 1

Debemos reconocer que hinchamos por Japón, porque en esta contienda el débil es el equipo asiático. También debemos reconocer que eso no impide que admiremos siempre a Brasil por su país y su fútbol, y que sea un orgullo sudamericano. Brasil tiene muy poco, el primer tiempo sufrió, Japón lo empezó ganando y se acobardó. Pensó que alcanzaba con alinear 11 robots ultraveloces que sin pasión ni carisma ejecutaran un plan de defenderse y ver qué pasaba. Con el peor Brasil eso no alcanza. Un par de pinceladas y afuera. Nuestros respetos y un triunfo más para el Sur Global.