Hace unos días, Natalio Mario Grinman, presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), declaró, entre otras cosas: “… es cierto, el consumo ha mermado, pero las expectativas, de a poquito, sabemos que esto va a funcionar … “
“… y es cierto también, nosotros somos conscientes, es duro reconocerlo, que algunos vamos a quedar en el camino, pero si ese es el precio que hay que pagar para que nuestros nietos, nuestros hijos, tengan una Argentina normal, un país que progrese, con futuro, yo creo que vale la pena…”.
La entrevista:
En realidad, con afán escrutador, la entrevista es pródiga en absurdos y contradicciones. Antes del fragmento relatado, Grinman utiliza la metáfora “González Fraga”: “veníamos con una inercia que algunos podrán decir ‘bueno, pero eso pasó hace dos años’, y claro, pero de las cosas buenas nos acordamos siempre, porque ese momento cuando estaba el ‘plan platita’… (inentendible) el consumo volaba porque la gente sabía que el dinero en el bolsillo quemaba y había que salir rápidamente a desprenderse, hoy eso no sucede”.
Es decir, hace dos años el consumo volaba y ahora cae y cierran empresas, pero para el camarista lo que pasaba hace dos años es horripilante y lo que ocurre ahora, virtuoso. Utilizan, mal aplicada, una metáfora organicista que identifica un tipo de economía como “saludable” y la contrastan con otra “enferma”, por supuesto, eso no es un análisis científico sino una profesión de dogma ideológico.
Sin embargo, el eje que nos ocupa es la idea de “país normal” que predica Grinman. Quizá podamos entender un poco más si indagamos en nombre de quién habla, la CAC es una permanente animadora y soporte de todos los golpes de estado padecidos en Argentina y, como corresponde, de los proyectos neoliberales, posibles gracias al genocidio de la dictadura. Es decir, además de todas las dictaduras, de Uriburu en adelante, apoyaron a Menem, De La Rúa, Macri y Milei. Este sólo repaso debiera eximirnos de mayor abundamiento de cuál es el “país normal” que imagina Grinman.
En la página web de la CAC puede leerse: Desde 1924 hemos bregado por el desarrollo del sector empresarial privado del país, acompañando desde pequeños a grandes y apostando por la formación como recurso clave para construir el país que todos queremos.
“El país que todos queremos” debe ser el “país normal” de Grinman. La Cámara tiene 102 años, inicialmente como representante de comerciantes porteños, se extendió al resto del país y se convirtió en una confederación.
Como tantas veces, la historia explica en gran medida lo que ocurre. En la génesis de la Ciudad de Buenos Aires está la verdadera explicación del “país normal” de la CAC y la oligarquía nacional.
Buenos Aires, en la desembocadura del Río de la Plata, fue el puerto que vinculó el hinterland con la metrópolis. Desde 1776 con la creación del Virreynato del Río de la Plata por los Borbones, el comercio con la corona tenía exclusividad. Es decir, sólo podía enviarse frutos a y recibir productos de España. Pero Buenos Aires tenía a Brasil y a Colonia del Sacramento tan cerca, los ingleses, se sabe, ya tenían dominio de los mares y una revolución industrial en ciernes. Los porteños se destacaron, entonces, como contrabandistas.
Desde entonces, el país federal, la producción del campo y la industria del interior colisionó permanentemente con los intereses del puerto. La Aduana y su renta fueron claves en las guerras civiles del Siglo XIX. La visión de país fue antagónica. A las aspiraciones de desarrollo autónomo del territorio se contrapuso una élite cosmopolita predatoria, eurocéntrica y expropiadora que siempre tuvo ojos admirados y actitud sumisa con las potencias imperiales pero temperamento criminal, genocida y ladrón cuando miró a la geografía que hoy constituye Argentina.
Expropió y criminalizó al gaucho, exterminó, genocidio mediante, a gran parte de los pueblos originarios y, cuando ya eran inofensivos, los reivindicó para perseguir a inmigrantes pobres de Europa (a quienes también estafó, vinieron con promesa de tierra y trabajo y fueron confinados a conventillos y perseguidos).
Esa élite, sangre contrabandista y pirata, admiradora de Inglaterra y luego Estados Unidos, nunca tuvo un proyecto de país. La idea de “normalidad” de Grinman es la de un enclave colonial, con las mayorías esclavizadas, robadas y reprimidas.
Desde antes del surgimiento de nuestro país, las aspiraciones de una Patria, una Patria Grande nuestroamericana, la de San Martín y Bolívar, ha tenido en los Grinman un enemigo peor que cualquier ejército extranjero.