Uno de los partidos más apasionantes, exasperantes y decepcionantes que nos dio este Mundial fue la victoria de Bélgica sobre Senegal para avanzar a octavos de final. Luego de ir perdiendo por 2 a 0 (el peor resultado) durante 85 minutos, lo empataron sobre la hora y en el último minuto de la prórroga les dieron un dudoso penal que le volvió a dar una victoria a un país del primer mundo plagado de descendientes de los esclavos a los cuales despreciaron y maltrataron por décadas.
Sin embargo, esto no fue lo más indignante de este partido. Estamos acostumbrados a las injusticias, a ver al pequeño arañar la victoria, a ver al pobre estar cerca de reivindicarse frente al explotador. Pero lo que no estamos acostumbrados es a ver una camiseta como la suplente que presentó Bélgica. Como si fuera poco con la historia colonial y la injusticia deportiva, el país europeo osó dejar afuera a un dignísimo (y verdísimo, hay que decirlo) rival como Senegal usando una camiseta que debería estar prohibida.

A simple vista podría tratarse de un homenaje a los salvapantallas, los globitos que salen en Twitter cuando estás de cumpleaños, un tributo a los chicles tutti frutti o un homenaje a los baby showers. Todo eso sería más digno. La camiseta evoca al gran pintor belga René Magritte, dueño de un humor y una frescura como pocos, y que hoy se revuelca enfurecido en su tumba.
La camiseta es una referencia a la obra de 1931 La voix des airs (la voz del espacio), un cuadro verdaderamente espantoso. La frase “Esto no es una camiseta” queda inscripta en el cuello, más que como un homenaje la surrealismo de Magritte, seguramente como una queja del fabricante a la que se la encargaron o incluso como un recurso legal para que nadie les haga juicio por tan espantosa creación.

Pero no es la primera vez que Bélgica intenta homenajear a alguno de sus símbolos a través del equipamiento de su selección. Recordemos que hace unos años el conjunto alternativo evocaba la vestimenta de Tintin, conocido personaje de historieta del dibujante belga Hergé.

Es de esperar que en el futuro la federación belga nos sorprenda con otros homenajes como una camiseta con la trama de un waffle, la foto de la sede de la Unión Europea en el pecho o un short lleno de repollitos de bruselas.
Pero esta no es la única indumentaria de este Mundial causa escozor. Parecería que los diseñadores de camisetas, sub 35, están criados bajo la noción de que “toda publicidad es buena” y acostumbrados vía redes sociales al rage bait, la práctica de jóvenes inseguros que publican idioteces para generar reacción y sentirse menos solos e importantes para alguien. Bélgica hoy se ha convertido en un joven imberbe y provocador que indigna por su discurso estético mientras que sorprende por su parsimonia y cobardía en la vida real. Y todo por culpa de algún diseñador hipster de poca monta y de un jefe demasiado permisivo o ya aburrido de vivir. Bienvenidos y bienvenidas al siglo XXI.