La avanzada para modificar la Ley de Glaciares volvió a encender alarmas en el ambientalismo. Para Marta Maffei, ex legisladora nacional y una de las autoras de la norma vigente, el intento no sorprende: “Sí, la veíamos venir porque evidentemente existe un sistema productivo, un modo de producción que tiene absolutamente sin cuidado la supervivencia de los pueblos y el cuidado de la naturaleza”.
Del socavón al extractivismo a gran escala
Marta, advierte que en las últimas décadas cambió el modelo extractivo. “Antes hacíamos minería de socavón. Iba el minero con la lamparita en el casco picando la piedra para seguir la veta. Era costosa y de rendimientos escasos”. Hoy, en cambio, predominan emprendimientos “a fuerza de agua”, al igual que el fracking: “Utilizan miles de millones de litros y la dejan inutilizada”.
La ex diputada subraya que el problema no es sólo ambiental sino sanitario. “Tenemos un 250% más de autismo o de cáncer infantil”, señala en relación con el uso intensivo de agrotóxicos y el impacto en comunidades expuestas. Y remarca que el eje es el agua: “No hay vida sin agua. El 97,5% es salada y sólo el 2,5% es dulce. De eso depende toda la vida terrestre”.
En ese contexto, cuestiona la falta de respuesta política frente a las advertencias científicas. Menciona al panel intergubernamental sobre cambio climático y a la científica argentina Celeste Saulo, presidenta de la Organización Meteorológica Mundial, “que se ha cansado de advertir”. Sin embargo, sostiene que “no hay toma de conciencia” y que las empresas avanzan en connivencia con gobiernos provinciales.
“Los sistemas productivos lo único que buscan es ganancias. Y si los estados les permiten avanzar en con técnicas y con estrategias que no cuidan el a la naturaleza, que no cuidan a las personas, que no cuidan la biodiversidad, este, bueno, eso es una cuestión que depende justamente de la política y de lo que los estados deciden hacer.”
Marta Maffei
El mito del desarrollo y las regalías
Como ejemplo, cita a Catamarca, con más de 30 años de explotación minera desde Bajo la Alumbrera: “Sigue siendo una de las provincias más pobres del país. Entonces no es cierto que el extractivismo traiga desarrollo”.
También pone el foco en el régimen de regalías. “Las mineras aportan el 3% del valor boca de mina, pero le descuentan los costos de producción. En realidad nunca llega al 2%”, afirma. Y agrega que el control es débil: “La ley dice que es por declaración jurada de la minera. Yo puedo decir saqué 100 kilos cuando saqué 500”.
Para Marta, las promesas de progreso son “una vil mentira” porque se trata de bienes no renovables. “Cuando usted saca el oro, el oro no vuelve. En la minería y el extractivismo petrolero no hay posibilidad de renovación”. En cambio, plantea que en el ámbito agrario existen alternativas: “Hay miles de emprendimientos agroecológicos. Eso se puede modificar”.
“Yo quiero desmontar porque es una vil mentira, porque además se llevan bienes no renovables. Y que cuando usted saca el oro, el oro no vuelve. Se llevan todos los bienes del extractivismo, sea minero, sea petrolero, esos no son renovables.”Marta Maffei
El debate por la Ley de Glaciares, concluye, no es técnico sino político: “Depende de lo que los Estados deciden hacer cuando termina el período electoral”. Y, para ella, lo que está en juego es mucho más que una actividad económica: es la viabilidad misma de la vida.



Ante los planteos de la Cámara Argentina de Empresarios Mineros sobre la Ley de Glaciares, Marta Maffei, autora de la norma, fue contundente: “Me hace reír… uno nunca termina de entender el grado de la capacidad de mentir. Lo dicen con cara seria, como si fuera cierto o científico”.
Para Maffei, las empresas “aprovechan la desinformación” y buscan instalar que la ley es imprecisa. Recuerda que apenas sancionada, el entonces CEO de Barrick Gold, Peter Moon, gestionó su veto ante la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. “Van directamente arriba… a decirle que esa ley era el diablo”. La norma fue vetada, pero la presión social logró su nueva aprobación. “La volvimos a sancionar”, remarca, y destaca el trabajo parlamentario de Miguel Bonasso.
Niega que la ley sea confusa: “Fue absoluta, más clara imposible. Acá no se puede producir ni minería ni extracción petrolera, ni hacer obras que invadan la vida del glaciar”. Sostiene que la verdadera intención empresaria no es “reglamentar mejor”, sino evitar el conflicto que implicaría intentar derogarla: “Saben que si la quieren derogar van a tener altísimo conflicto nacional, entonces urdieron esta especie de reforma”.
Glaciares, federalismo y retroceso acelerado
La ex diputada contextualiza la importancia estratégica del agua en la “diagonal seca” del país: “A la izquierda de esa curva está el 70% del territorio con 200 mm de lluvia al año. Sin los glaciares no hay vida”. Advierte además sobre el retroceso acelerado: “La Argentina en los últimos 30 años derritió el 42% de sus glaciares; en los últimos 10 años, el 17%”.
Según un relevamiento internacional de la Universidad de Zúrich, afirma, existen “53 emprendimientos mineros arriba de los glaciares”. Por eso rechaza el argumento de que las definiciones no son claras: “No hay ninguna posibilidad de error”.
“Fue la resistencia social y popular fuerte, la presión de las provincias, de la gente que decía, ¿cómo ahora que tenía un bien protegido no lo tengo más protegido? No me protegen más el agua, no sé si voy a poder vivir, no sé si voy a poder hacer como hacía la vitivinicultura…”
Marta Maffei





Sobre el planteo federal, recuerda que el artículo 124 de la Constitución reconoce que los recursos son provinciales, pero la Corte Suprema habló de un “federalismo de concertación”. Es decir, la Nación fija presupuestos mínimos que ninguna provincia puede vulnerar. “El agua no es un lingote de oro. Es un bien móvil, imprescindible, irremplazable. No podemos generar una gota”, enfatiza.
Critica que el proyecto habilite a las provincias a decidir si el impacto “no es relevante” y hasta ordenar que el IANIGLA retire del inventario un glaciar a intervenir. “Quiero saber que como no existe puedo hacer lo que quiera con ese glaciar. ¿Usted se da cuenta la barbaridad?”, concluye.
Frente a los argumentos de la Cámara Argentina de Empresas Mineras (consignados en le proyecto de reforma de la Ley), de que las provincias puedan determinar si un glaciar es relevante porque cumple una función hídrica relevante, o no, señala que, “sigue siendo una reserva de agua dulce”.
También, frente a los argumentos empresariales sobre supuestos “controles rigurosos” y garantías ambientales, nos dice: “Mentira”. Y aun si existieran controles estrictos, remarca, “Todos los proyectos deben cumplir con estudios de impacto ambiental aprobado por las autoridades provinciales actualizados periódicamente y sometidos a auditoría.”
“Las presiones de los grupos económicos son infinitas. Presiones presionan a los legisladores, presionan a los gobernadores, a los funcionarios, obviamente. Y por supuesto, también al al entorno científico.”Marta Maffei
La ex legisladora cuestionó la validez de los estudios de impacto ambiental. “En el 99% de los casos están en inglés. Ni siquiera se traducen. Los aprueban a libro cerrado”, denunció. Según explicó, no hay una revisión crítica real por parte de las provincias: “No hay absolutamente ninguna participación que diga ‘hemos leído y no acordamos con esto o con aquello’”.
Marta Maffei también se refirió a presiones sobre el sistema científico y recordó que no son nuevas. “Las presiones de los grupos económicos son infinitas. Presionan a legisladores, gobernadores, funcionarios y también al entorno científico”, afirmó.
Una disputa cultural y política
A su entender, la disputa es más profunda que una discusión técnica. “Defender la vida, defender el agua, exige coraje, fundamentación e investigación”, sostuvo. Y alertó sobre nuevas formas de influencia: “Hoy financian las redes y con eso hay una cooptación de la conciencia crítica”.
“Es una batalla para no dejar que los grupos económicos, manejen, la distorsionen, como en este caso de las preguntas, las respuestas que usted me dio, distorsionan la información para hacernos creer que están diciendo la verdad.”Marta Maffei
Para Maffei, se trata de “una batalla esencialmente cultural” frente a intentos de “distorsionar la información” y desarmar resistencias sociales. “Lo saben y lo hacen”, concluyó, al señalar que estas reformas se presentan en paquete junto a otras iniciativas polémicas, en un contexto donde —advierte— lo que está en juego es mucho más que una inversión: es la posibilidad misma de vivir con dignidad.
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