Con más de 30 mujeres campesinas y comunitarias de Mendoza y San Juan. Finalizó el ciclo de formación de promotoras de género Tejiendo Resistencias, ciclo que buscó formar a mujeres como promotoras de género en sus comunidades. Un proceso pensado no solo para adquirir herramientas de acompañamiento en situaciones de violencia, sino también para fortalecer la organización y el entramado social en territorios donde las desigualdades suelen hacerse más visibles.
La jornada comenzó recordando. Los nombres de Johana Chacón, de Soledad Olivera y de otras tantas mujeres desaparecidas y asesinadas por la violencia patriarcal en la región, sus nombres resonaron como un llamado a no olvidar y a seguir luchando, un fuego que invito a quemar los miedos, las culpas y los silencios que pesan, para transformarlos en coraje, esperanza y lucha.




Voces desde los territorios
Los testimonios recogidos durante el encuentro dan cuenta de la profundidad del proceso.
Soledad Mansilla, de la Cooperativa Martina Chapanay en Encon, San Juan, sostuvo que para ella:
“Significó aprendizaje, compartir y apoyo, mucho apoyo”.
Por su parte, Stela Arriagada, de la UST Campesina y Territorial en Jocolí, fue categórica:
“Es un lugar donde aprendí cómo acompañar y abordar situaciones de violencia …. Uno a veces lo naturaliza hasta llegar a problemas más graves como como el femicidio.“
Belén Arenas, de la UST en Jocolí, puso el acento en el valor colectivo:
“el tejer, el tejer ya sea con hilo o con charlas, con una mateada de por medio, eso siempre es enriquecedor es una gran fortaleza ….nos hace sentirnos acompañada y sentir que estamos una para la otra”.
Desde Lagunas del Rosario, Mariela Morales habló de los cambios que la atravesaron:
“cambie mi forma de pensar”.
Para Erica Montenegro, de Jocolí, lo que queda son las emociones:
“ tranquilidad, alegría de haber compartido estos encuentros con las mujeres y haber compartido nuestras vivencias y aprender muchas cosas que no sabía y las he aprendido acá……me siento feliz de haber participado de esta formación”.
Adriana Gatica, de la UST, destacó los saberes compartidos y los desafíos:
“La información, la guía de números de teléfonos, de contactos, el qué tenemos que hacer ante ciertas situaciones en las que muchas mujeres nos encontramos perdidas y ser ese acompañamiento y ese contacto está muy bueno para para poder ayudar a otras compañeras de la organización y tanto de nuestras comunidades”.
“Como desafío, seguir fortaleciendo nuestros territorios y y poder convertirnos en ese nexo de confianza con todas las mujeres que necesiten ayuda, que estén pasando por algún momento difícil y que sepan que no estan solas”.







La jornada estuvo atravesada por hacer un recorrido de todo lo aprendido, haciendo foco en los desafios que quedan por delante, entre juegos, risas, baile y un rico almuerzo el día culmino con la entrega de certificados y un bingo.
La invitación a quienes participaron era sintetizar la experiencia en una palabra, una imagen o un símbolo. Hubo respuestas diversas: “una mujer acompañada”, “una mujer guerrera”, “el gritar como una cabra”, “tejiendo resistencias”, “compañerismo”.
Soledad Mansilla
Belén Arenas
Mariela Morales
Erica Montenegro
Adriana Gatica










Cada expresión reflejó no solo lo que dejó la formación, sino también lo que se proyecta hacia adelante: la convicción de que la lucha contra la violencia de género no se da en soledad, sino en red, con mujeres formadas, organizadas y decididas a no callar más.
A continuación Les compartimos las palabras que sellaron el cierre del encuentro.
Hoy llegamos al cierre de este camino de cuatro encuentros que nos deja el corazón vibrando fuerte. Recordamos a nuestras ancestras y sus luchas, a los pañuelos que levantamos como banderas de memoria y dignidad. Recordamos cuando nos abrimos al corazón, a la ternura y al cuidado entre nosotras. a la lombriz, que nos enseñó que lo pequeño, lo invisible, puede transformar la tierra y darle vida.
Y hoy, con esta carta que nos habla de lo fluido, de lo que brilla y se expande, celebramos que todo lo vivido —las lágrimas, las alegrías, los abrazos, lo aprendido— se mezcla como colores que no se borran, que viajan con nosotras para seguir sembrando en nuestros territorios.
Porque aquí nos reconocemos como mujeres campesinas que sostenemos la vida en esta tierra, en la casa, en las comunidades. Nos reconocimos como tejedoras de redes, como guardianas de la memoria, como luchadoras incansables que no se callan.
Dicen que las mujeres somos “más locas que una cabra”, “más putas que una cabra”, como si eso fuera un insulto. Hoy lo damos vuelta: sí, somos locas, porque soñamos con un mundo distinto; sí, somos putas, porque somos libres, deseantes y dueñas de nuestros cuerpos; y sí, somos como cabras, porque trepamos donde nadie cree que se puede, porque no nos dejamos encerrar, porque sabemos andar caminos difíciles.
De estos encuentros nos volvemos más fuertes. Con la certeza de que no estamos solas, de que somos parte de un tejido mucho más grande, vivo que resiste, que se expande y que se levanta con alegría y con rabia frente a las injusticias.
Por eso, desde acá, desde nuestras voces unidas, lo decimos fuerte y claro, para que resuene en cada rincón de nuestros territorios:
¡Desde hoy gritaremos más fuerte que las cabras, si, para que nuestras luchas no se apaguen, se multipliquen!