Leticia, vecina de Potrerillos y madre de tres hijes (dos en homeschooling), desmitifica esta práctica educativa. Explica que no se trata de aislar a les niñes ni de imponer pantallas, sino de empoderar a las familias para decidir qué y cómo aprenden sus hijes, dentro de un marco legal gris pero con redes comunitarias activas que garantizan socialización y acceso a espacios culturales.
En el programa Entre Mate y Mate de Radio La Leñera, conversamos con Leticia, una vecina de Las Vegas, sobre una tendencia creciente en Mendoza y el país: el homeschooling o educación domiciliaria. Lejos de ser una moda aislada, Leticia describe una realidad compleja, llena de mitos, vacíos legales pero también de oportunidades para repensar la infancia y el aprendizaje desde lo cotidiano.
¿Qué es realmente el homeschooling?
Para empezar, Leticia aclara un error común: “El homeschooling no es la escuela en casa. Eso es una de las aclaraciones que hay que hacer. Es la educación, que no quiere decir la escuela”.
Se trata de una decisión familiar donde padres y madres asumen la responsabilidad primaria de la educación de sus hijes, eligiendo contenidos, métodos y ritmos adaptados a cada infancia. No implica necesariamente estar encerrado frente a una pantalla; de hecho, muchas familias optan por salir del sistema virtual tradicional.
“Hemos delegado como familias un montón de veces la responsabilidad y hemos dejado que el sistema decida lo que tiene que aprender, cómo, cuándo, dónde, con quién. Y de repente ahora todas esas respuestas las tenés que buscar vos”, reflexiona Leticia.
El vacío legal argentino
Uno de los puntos más sensibles es el marco normativo. En Argentina, el homeschooling no está nombrado a nivel legal. Esto genera una zona gris: “No es legal, pero tampoco es ilegal”. Existe un vacío regulatorio que deja a las familias sin acompañamiento estatal directo, aunque sí bajo la vigilancia implícita de la Ley Nacional de Educación 26.206, que garantiza el derecho a la educación.
Leticia menciona que algunas provincias son más estrictas que otras en cuanto a la garantía del derecho educativo desde la institución escolar. Para sortear esto, muchas familias recurren a inscribir a sus hijos en academias internacionales (online) radicadas en países donde la modalidad es legal, y luego validan esos estudios localmente si es necesario. También existe la opción de simplemente no ingresar al sistema formal en edad escolar inicial, evitando trámites burocráticos complejos ante la DGE (Dirección General de Escuelas).
Socialización: el gran mito
La preocupación número uno de quienes escuchan sobre homeschooling suele ser: “¿Y cómo se van a relacionar con otros?”. Leticia rompe este estereotipo con evidencia cotidiana.
Lejos del aislamiento, les niñes educades en casa suelen desarrollar habilidades sociales diversas porque interactúan con personas de distintas edades, contextos y oficios, no solo con pares de su misma generación en un aula rígida.
“Generalmente son más sociales, porque están acostumbrados a variar y conectar rápido con la gente. Porque no están todo el año obligados a ser… Entonces cuando está la oportunidad es como ‘uy sí, vamos a jugar’, chau, punto”, explica.
Además, en Mendoza existen grupos autogestionados de familias que organizan salidas recreativas, educativas y deportivas. Leticia destaca el acceso a actividades del Estado pensadas para escuelas, como conciertos didácticos en teatros independientes, demostrando que la comunidad organizada puede suplir ciertas carencias institucionales.
Un día típico: seguir el interés del niñe
No hay un horario fijo ni materias impuestas arbitrariamente. El aprendizaje surge de la curiosidad natural. Leticia cuenta el ejemplo de su hijo menor, quien desde pequeño mostraba fascinación por las plantas y la huerta.
“Él se despierta, se va corriendo a la huerta y quiere saber… Uno empieza a investigar. Ellos te guían mucho la educación al final. Si te dice ‘mirá esta planta’, bueno, le damos sobre plantas”.
Esta metodología basada en el interés profundo permite lecturas extensas y aprendizajes significativos, lejos de la presión por cumplir programas anuales rígidos. La lectura, por ejemplo, no se impone como obligación (“tenés que leer”), sino que se transmite como pasión.

Libertad vs. libertinaje
Leticia hace una distinción crucial: elegir homeschooling no significa falta de estructura ni abandono. Implica una mayor dedicación parental, investigación constante y, fundamentalmente, acompañamiento emocional.
Respecto a la posible vuelta a la escuela formal, asegura que es un proceso reversible y gestionable si se mantienen registros ordenados. Muchas familias transitan ambos caminos: algunos hijes vuelven, otros continúan, y otros acceden a la universidad sin haber pasado por la secundaria tradicional.
Una opción, no una panacea
Finalmente, Leticia enfatiza que el homeschooling es una opción, válida para algunas realidades familiares, pero no necesariamente accesible o deseable para todas. Requiere tiempo, recursos económicos, red de apoyo y una disposición ideológica fuerte.
Critica también la postura gubernamental reciente que intenta regular la modalidad, señalando que el verdadero desafío debería ser mejorar la calidad y contención de la escuela pública actual, que hoy presenta falencias estructurales y emocionales graves, especialmente en adolescencia.
Mientras tanto, las familias mendocinas siguen tejiendo redes, compartiendo experiencias y demostrando que educar en libertad y con amor es posible, incluso en tiempos de incertidumbre normativa.
Podés escuchar la entrevista completa a Leticia Gelvez realizada por Radio La Leñera: