La banda escolar que suena fuerte en El Carmen

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En la Escuela Moretti de Lavalle, la música rompe las barreras de edad y escuela. La agrupación que dirige Jorge Vega, “Sonidos de vida”, reúne a niñas, niños, jóvenes y adultos, y busca apoyo para poder mostrar su arte más allá del distrito.

En el corazón rural de El Carmen, Lavalle, donde las calles se cruzan con viñedos y álamos, todos los sábados por la mañana se escucha un sonido distinto al de los tractores o el viento zonda: trompetas afinando, redoblantes marcando el compás, flautas buscando su nota más limpia. Es la banda escolar de la Escuela Primaria “Graciela Ferrer de Moretti”, “Sonidos de Vida” una agrupación que desde hace años pone música a la vida comunitaria.

El director, Jorge Vega, abre la puerta del salón y enseguida se siente el clima de compañerismo. Hay chicos y chicas de primaria, adolescentes que ya egresaron, jóvenes adultos y hasta personas de la tercera edad, todos compartiendo atriles y partituras. “Somos una banda, no una orquesta”, aclara, y explica la diferencia con precisión: “Una orquesta tiene cuerdas frotadas —violines, violas, chelos, contrabajos— además de vientos y percusión. Nosotros no tenemos cuerdas, pero sí una gran sección de vientos y otra de percusión”.

Los instrumentos, alineados sobre mesas y soportes, son variados: flautas, clarinetes, trompetas, corno francés, eufonio, trombón, baterías, bombo, glockenspiel, xilofón y shakers. Cada uno con su historia, muchos adquiridos gracias a programas estatales y mantenidos con el trabajo de luthiers. “Tenemos instrumentos de buena calidad, y eso es un privilegio. Pero no todo es cuestión de instrumentos…”, advierte Vega.

El ensamble, que funciona como espacio abierto, recibe a alumnos de otras escuelas y no pone límite de edad. “Muchos se quedan hasta pasados los 18 años. Incluso tenemos a Lito, que con casi 60 se animó a aprender trompeta. Hemos perforado las franjas etarias; somos abiertos a la comunidad y totalmente inclusivos”, cuenta con orgullo. Los ensayos son todos los sábados de 9 a 13 horas, y más de una vez se extienden porque nadie quiere irse.

La banda ha participado en eventos como la degustación de vinos en la escuela técnica “Juan Bautista Alberdi”, presentaciones en Villa Tulumaya y actos escolares dentro y fuera del distrito. Sin embargo, hay un obstáculo que frena su expansión: la movilidad. “Nuestro problema es cómo transportamos a los chicos. Estamos alejados de los centros urbanos y eso nos impide salir tanto como quisiéramos. Tenemos un producto del que estamos orgullosos y que queremos mostrar, pero a veces no podemos”, reconoce el director.

Para Vega, la música es mucho más que notas y compases: es disciplina, amistad, convivencia y orgullo colectivo. “No es solo mérito mío, sino del equipo docente y de los chicos. Hacen cosas maravillosas. Lo que logramos acá es fruto de la constancia y de creer que la música puede unir a una comunidad entera”.

En cada presentación, la banda no solo interpreta canciones, sino que también demuestra que un espacio educativo puede trascender las paredes de la escuela y convertirse en un punto de encuentro intergeneracional. Y la invitación sigue abierta: “Hay lugar para quien quiera aprender, y sería un honor que formen parte de nuestra banda”.

Compartimos la entrevista completa con Jorge Vega, director de “Sonidos de vida”:

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