La tradicional feria dedicada al Ekeko se realizó en el barrio Belgrano, con puestos de los ayllus, rituales ancestrales y el acompañamiento del Consulado de Bolivia en Mendoza.
Cada 24 de enero, las comunidades bolivianas celebran la tradicional feria de la Alasita, una festividad ancestral en la que se le pide al dios de la abundancia, el Ekeko, salud, trabajo, dinero, alimentos y hogar. Este año, la celebración tuvo lugar en Guaymallén, en el Centro de la Colectividad Boliviana del barrio Belgrano, donde cada ayllu montó su puesto y se desarrolló una jornada cargada de identidad, encuentro y espiritualidad.
La actividad contó con la presencia de la cónsul de Bolivia en Mendoza, Mónica Roxana Álvarez, quien destacó la importancia cultural de esta fecha para el pueblo boliviano, tanto en su país de origen como en las comunidades migrantes. “La Alasita es una celebración muy fuerte en Bolivia, donde recibimos al Ekeko, la illa de la abundancia, cada 24 de enero al mediodía. Es una tradición que forma parte de nuestra cultura y de nuestra historia”, explicó.
Álvarez detalló que, si bien en Bolivia el ritual se realiza a las 12 del mediodía, en Mendoza se respetó el horario boliviano, lo que implicó comenzar a las 13 horas de Argentina. “Por decisión de los hermanos y hermanas de las comunidades originarias residentes en Mendoza, se resolvió celebrar la Alasita el 24 de enero, respetando el horario de Bolivia”, señaló.
La cónsul también remarcó que el inicio de la feria se realizó siguiendo las prácticas tradicionales. “Ha sido un comienzo con todas las características que tenemos en Bolivia, con la participación de ancianas y ancianos, y luego de los ayllus y comunidades originarias que hoy siguen presentes para mantener viva esta parte de nuestra cultura”, expresó.
En ese sentido, explicó el profundo significado simbólico de la celebración. “La illa de la abundancia expresa deseos positivos que van a la persona, pero también a la comunidad: que no falten los alimentos, que haya buena producción, frutas, verduras, trabajo, salud y buenos negocios”, indicó.
Finalmente, Álvarez subrayó el valor espiritual y comunitario de la Alasita como una práctica que trasciende lo material. “Para nosotros es muy importante seguir promoviendo nuestra cultura, porque esta celebración habla de armonía: entre las personas, la comunidad y la naturaleza, de cómo comunicarnos con ella”, afirmó.
La feria volvió a ser así un espacio de reafirmación cultural, encuentro comunitario y transmisión de saberes ancestrales, manteniendo vivas las tradiciones bolivianas en territorio mendocino.