La doctora en semiótica y docente Gabriela Simón analizó el impacto político y cultural de los discursos agresivos del presidente Javier Milei. Sostuvo que “la denigración del lenguaje se convirtió en una herramienta de poder” y advirtió sobre un proceso de “cognicidio” en la sociedad argentina.
La entrevista surgió a partir de la circulación de supuestos audios privados atribuidos a Milei, cargados de insultos y expresiones obscenas. Más allá de discutir su autenticidad, Simón planteó que lo relevante es preguntarse “qué es lo que una sociedad puede escuchar y tolerar” de quien ocupa la presidencia.
“Lo importante no es si los audios son reales, fake o filtrados con intención. Lo importante es el espesor de la audibilidad: qué puede escuchar una sociedad y creerlo posible en un presidente”, explicó.
Para la especialista, el actual escenario político se sostiene en una construcción discursiva donde la agresividad, las groserías y la provocación forman parte de una estrategia deliberada. “Han hecho de la denigración del discurso un modo de ejercer el poder”, afirmó.
Simón señaló que parte de la sociedad naturalizó ese lenguaje y recordó que, años atrás, otras figuras políticas eran fuertemente cuestionadas por expresiones mucho menos violentas. “Hoy la sociedad ha asistido desde la campaña electoral a la denigración del lenguaje, al abuso de metáforas agresivas y al destrato hacia distintos sectores”, sostuvo.
En otro tramo de la charla, retomó el concepto de “cognicidio”, mencionado por el dirigente social Juan Grabois, para describir un proceso de deterioro cultural y político vinculado a la pérdida de interés por el conocimiento y el debate público.
“Hay un laboratorio político que funciona sobre una franja de la sociedad que ha renunciado al saber, lejos de la lectura y de la discusión pública. Entonces se delega el poder a figuras farsantes”, reflexionó.
Simón también comparó a la actual ultraderecha con sectores conservadores tradicionales que, aun sosteniendo políticas contrarias a los intereses populares, mantenían cierto nivel de elaboración intelectual y cuidado en las formas. “Esta es una derecha berreta y bizarra”, sintetizó.
Hacia el final de la entrevista, la profesora en semiótica llamó a seguir analizando críticamente estos fenómenos desde la comunicación popular y sostuvo que el desafío es no naturalizar discursos que degradan el debate democrático.