Una adolescente ingresó armada a una escuela de La Paz, al este de Mendoza, y se atrincheró. Conversamos con la psicóloga Lorena Santos, quien analiza el hecho y propone claves para comprenderlo.
El martes por la mañana, la rutina de la escuela “Marcelino Blanco” de La Paz se quebró de golpe. Una estudiante de 14 años entró al establecimiento con un arma de fuego, hizo algunos disparos al aire y se atrincheró en el patio. No hubo heridos y, tras horas de tensión, el operativo policial logró que la joven entregara el arma y fuera trasladada a un centro de salud. El caso tuvo repercusión nacional y abrió un debate inevitable: ¿cómo llegamos a una situación tan extrema dentro de una escuela?
Para pensar estas preguntas, hablamos con Lorena Santos, psicóloga y trabajadora de escuelas secundarias, tanto en los Servicios de Orientación Educativa como en el aula frente a estudiantes. Con la doble mirada de profesional y docente, Santos pone el acento en lo que este episodio debería interpelar a toda la comunidad.
“Es un caso que moviliza, que sorprende, que conmociona. Lo hemos ido conversando para tratar de entender un poco y poder armar algo. ¿Por qué llegamos a esta situación tan extrema? Porque lo es: un hecho extraordinario, que sale de lo común en una escuela” señala la profesional
Para Santos, el primer paso es evitar simplificaciones y abrir la reflexión puertas adentro de cada institución: “cada escuela debe revisar qué recursos tiene, qué protocolos, cómo está actuando. No se trata de sacar conclusiones rápidas, sino de preguntarnos qué está pasando y qué podemos hacer mejor”.
Una de las claves que resalta la psicóloga es la necesidad de escuchar con atención lo que dicen, o callan, los y las adolescentes: “esta situación de violencia que llegó hasta el límite es porque faltaron las palabras. Cuando un chico hace un comentario, aunque parezca mínimo, ahí hay una oportunidad. Nosotros, como adultos, debemos decidir qué hacer con ese ovillo que nos entregan: si lo desarmamos, si preguntamos más, si damos tiempo y mirada. A veces lo subestimamos, lo cajoneamos como algo ‘propio de la edad’, y así se nos escapan señales importantes”.
El caso también plantea el papel de los adultos en la familia, la escuela y la sociedad. “Es importante preguntarnos qué pasó con los adultos, con la escuela, con la familia, con la relación entre ambas. Va a ser fundamental que ella tenga acompañamiento psicológico, pero también que como comunidad podamos pensar en qué fallamos. No alcanza con decir que fue un hecho aislado” analiza.
La psicóloga insiste en que no hay que quedarse en el morbo ni en el consumo acrítico de información: “los medios transmitieron en vivo, dieron detalles innecesarios. También nosotros, como sociedad, consumimos y compartimos ese material. Ahí hay una corresponsabilidad: la violencia no es solo lo que se hace, también lo que se omite”.
Finalmente, Santos deja un mensaje claro: “los adolescentes muchas veces sienten que la violencia es la única salida, pero no lo es. Tenemos que apostar a que los conflictos se resuelvan con la palabra. Este caso debe ser un llamado de atención: si no intervenimos, lo que antes veíamos lejos, en otros países, ya está acá. La violencia no puede ser la respuesta”.
Compartimos la entrevista completa con la psicóloga Lorena Santos: