El INTA impulsa el cultivo como respuesta a la crisis hídrica y a la baja rentabilidad de producciones tradicionales. Buscan reemplazar importaciones y abrir nuevos mercados.
La quinua, un cultivo ancestral de los pueblos andinos, vuelve a cobrar protagonismo en San Juan. Tras más de una década de investigaciones, ensayos y trabajo conjunto entre técnicos, productores e instituciones, el INTA considera que están dadas las condiciones para que este grano se convierta en una alternativa productiva capaz de generar ingresos, diversificar la agricultura provincial y reemplazar parte de las importaciones que actualmente abastecen a la industria alimenticia argentina.
“Venimos trabajando desde hace 12 o 13 años en el cultivo de la quinoa, buscando una alternativa para diversificar la producción local”, explicó Gonzalo Roqueiro, técnico del INTA San Juan. Según detalló, el interés por este cultivo surgió a partir de su historia en la región, ya que las culturas precolombinas que habitaron el territorio la utilizaban como uno de sus principales alimentos.
La apuesta se fortaleció por las características agronómicas de la quinua. Se adapta bien a las condiciones climáticas de San Juan, requiere poca agua y posee un elevado valor nutricional. Sin embargo, cuando comenzaron las investigaciones, los técnicos se encontraron con un problema: no existían variedades locales registradas ni información suficiente sobre su comportamiento productivo.
A partir de ese trabajo, el año pasado se logró registrar “Morrillos”, una variedad desarrollada por técnicos del INTA San Juan, que se convirtió en la segunda variedad nacional de quinua oficialmente inscripta.
Reemplazar importaciones
Con el conocimiento agronómico ya desarrollado, el siguiente paso fue analizar las posibilidades comerciales. Allí apareció un dato clave: la industria alimenticia argentina importa entre 700 y 740 toneladas anuales de quinoa, principalmente desde Perú y Bolivia.
“El principal consumidor es la industria. Muchas empresas utilizan quinua en pastas, galletitas, milanesas y otros productos con valor nutricional agregado”, explicó Roqueiro.
Sin embargo, existía otro obstáculo. La industria requiere quinua desaponificada, es decir, sin la capa externa jabonosa que recubre naturalmente al grano. Hasta hace poco, esa limitación dificultaba la inserción de la producción local.
Para resolver ese cuello de botella, hace un año se inauguró en San Juan una planta de agregado de valor que permite limpiar, desaponificar e incluso moler la quinua para obtener harina. “Ahora el productor puede llevar su cosecha y volver con una quinua lista para el consumo o para venderle a la industria”, destacó.
Con esa infraestructura disponible, el INTA y el Gobierno provincial comenzaron a trabajar en estrategias de comercialización para abastecer parte de la demanda que hoy se cubre mediante importaciones.
Una oportunidad frente a la crisis hídrica
La creciente escasez de agua aparece como uno de los factores que más interés despierta entre los productores. Roqueiro explicó que la quinua puede producirse con consumos hídricos inferiores a los 300 milímetros y que presenta requerimientos mucho menores que cultivos tradicionales como el tomate.
Además, la variedad Morrillos tiene un ciclo corto de entre 100 y 120 días, lo que permite incorporarla a esquemas de rotación. “Nosotros no le estamos diciendo al productor que abandone lo que hace. Si levanta el tomate en diciembre o enero, puede sembrar quinua en febrero y cosecharla en julio sobre el mismo suelo”, señaló.
El técnico indicó que el perfil de quienes se acercan al cultivo también está cambiando. Mientras años atrás predominaban productores experimentales o personas que regresaban al campo con nuevas ideas, actualmente son productores hortícolas tradicionales quienes comienzan a interesarse en esta alternativa. “La crisis de rentabilidad de muchos cultivos tradicionales hace que los productores empiecen a buscar nuevas opciones”, afirmó.
Organización y trabajo colectivo
A pesar de las ventajas productivas, todavía existen desafíos importantes para consolidar la cadena. Uno de ellos es la cosecha. La quinua requiere maquinaria específica y en San Juan existen pocas trilladoras disponibles. El otro desafío es construir canales estables de comercialización.
Para Roqueiro, la solución pasa por formas organizativas que articulen productores, prestadores de servicios, organismos técnicos e industrias. “No hace falta que cada productor tenga toda la maquinaria. Lo importante es organizar la producción, los servicios y los compradores”, explicó.
El técnico comparó esta estrategia con experiencias exitosas como Tomate 2000, donde distintos actores coordinan esfuerzos para garantizar rentabilidad y abastecimiento. En ese esquema, el INTA aporta asistencia técnica, mientras que otros actores pueden encargarse de la cosecha, el agregado de valor y la comercialización.
Interés creciente
La semana pasada se realizaron jornadas técnicas sobre quinua que reunieron a más de 60 productores de distintos puntos del país. La convocatoria superó las expectativas y debió cerrarse por cuestiones organizativas.
Durante las actividades se presentaron ensayos de riego, análisis de costos, experiencias de otras provincias y estrategias comerciales. También hubo degustaciones para mostrar las posibilidades gastronómicas del cultivo. Según Roqueiro, el desafío inmediato es consolidar los mercados y acompañar a los productores interesados en sembrar durante la próxima campaña.
Además, destacó que la quinua puede cultivarse prácticamente en cualquier departamento de San Juan, incluso en zonas con problemas de salinidad. “Hay productores que la han utilizado para recuperar suelos y luego volver a implantar otros cultivos”, comentó.
El rol de las instituciones públicas
Hacia el final de la entrevista, Roqueiro aprovechó para reivindicar el trabajo de los organismos de ciencia y tecnología. “Estos son procesos que llevan muchos años de investigación, de trabajo interdisciplinario y de construcción colectiva. Son cosas que hacen instituciones como el INTA y que muchas veces no se conocen”, expresó.
Para el técnico, el desarrollo de variedades locales, la generación de tecnologías adaptadas a cada región y la búsqueda de alternativas productivas constituyen aportes fundamentales para el desarrollo territorial.
Mientras la provincia busca respuestas frente a la crisis hídrica y las dificultades económicas del sector agrícola, la quinua aparece como una oportunidad concreta para diversificar la producción, generar valor agregado y fortalecer la soberanía alimentaria a partir de un cultivo profundamente ligado a la historia de los pueblos andinos.