Lavalle: sostener el trabajo colectivo en tiempos difíciles

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Con más de cinco años de trabajo, la Posta Campesina sostiene en Villa Tulumaya, Lavalle, un proyecto colectivo que une producción local, precios justos y alimentos de calidad.

En una mañana de verano, mientras atiende el mostrador y saluda a quienes se acercan, Verónica Pascual resume sin vueltas el momento que atraviesa el Almacén Posta Campesina: “son años complejos, como para todos, pero acá seguimos”. El local funciona desde hace más de cinco años en pleno centro de Villa Tulumaya, y se convirtió en un punto de referencia para quienes buscan alimentos sanos, precios justos y una forma distinta de consumir.

La Posta Campesina no es un comercio tradicional. Detrás de cada mermelada, cada queso o cada paquete de yerba hay organización y trabajo colectivo. “Cuando uno compra acá no le compra a una empresa, le compra a muchas manos”, explica Verónica, integrante de la Unión Campesina y Territorial, organización que le dió origen a la Posta Campesina. En las góndolas conviven productos elaborados por más de veinte familias campesinas y de la agricultura familiar, que se van renovando de manera permanente.

Uno de los ejemplos más claros son las mermeladas. “En las Mujeres de Pié somos ocho familias organizadas para elaborar. Entonces, cuando alguien se lleva un frasco, está generando ingreso para todas”, cuenta. Lo mismo ocurre con otros alimentos que llegan al local: huevos, panificados, conservas, artesanías y productos de temporada, todos elaborados de forma artesanal y con materia prima cuidada. “No usamos descartes. El tomate triturado se hace con el mejor tomate, no con lo que sobra o está en mal estado”, señala, marcando la diferencia con las grandes industrias que no tienen esos cuidados.

En un contexto donde el precio de los alimentos no deja de subir, la Posta Campesina apuesta a sostener el acceso. Hay productos locales y también de otras provincias, siempre de cooperativas y organizaciones afines. Yerbas y tés que llegan desde Misiones, quesos traídos desde Córdoba o del secano lavallino, todo con el desafío de absorber los costos de logística sin trasladarlos por completo al consumidor. “La idea es que lleguen a un precio accesible, que no sea un lujo comer bien”, señala Verónica.

La calidad es otro de los pilares del proyecto. Y no solo por lo que se vende, sino por el vínculo que se construye. “Si algo no gustó, si hubo un problema, la gente sabe que puede venir y hablarlo. Acá atendemos quienes también producimos, damos la cara”, dice. Esa cercanía explica por qué muchos consumidores vuelven y recomiendan: “me dicen que trajeron a la mamá, a la vecina, porque la mermelada les gustó”.

Además de su local en San Martín 206, frente al área de salud departamental, la Posta Campesina llega a otros puntos mediante repartos y espacios aliados en distintos lugares de la provincia. La propuesta es clara y va más allá de la compra: repensar el consumo. “Todos somos consumidores y tenemos una responsabilidad. Elegir dónde comprar también es decidir a quién beneficiamos”, reflexiona Verónica.

En tiempos de crisis, la Posta Campesina sigue de pie. Con persianas abiertas, mate en mano y la convicción de que el trabajo colectivo, aunque cueste, sigue siendo una forma concreta de resistir y construir otra economía desde abajo.

Compartimos la entrevista completa:

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