Lucía Principiano: una vida dedicada a la salud y al trabajo comunitario

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La médica pediatra, trabajadora de los centros de Salud del Oeste de Godoy Cruz, compartió en la radio comunitaria El Aguaribay parte de su recorrido profesional y humano. Su historia está atravesada por la defensa de la salud pública, el trabajo en red y el vínculo cotidiano con las familias de la comunidad.

Lucía Principiano es médica pediatra y desde hace décadas desarrolla su tarea en los centros de salud del Oeste de Godoy Cruz. Lejos de pensar la medicina únicamente desde el consultorio o el hospital, eligió una forma de ejercer la profesión profundamente vinculada con la comunidad. “Yo siempre trabajé en los centros de salud”, contó durante la entrevista en la radio comunitaria El Aguaribay, y explicó que allí encontró un espacio donde trabajar por la vida y por el bienestar de los niños y sus familias. También recordó su paso por el centro ubicado en el Corralón, conocido por la comunidad como el 149, y sus muchos años en el Centro de Salud N.º 4 de Los Glaciares.

Su elección profesional estuvo ligada desde el comienzo a una concepción de la medicina como una herramienta para cuidar y acompañar. “Porque no me gusta la muerte, me gusta la vida y me gusta trabajar para la vida”, expresó Principiano al explicar por qué eligió la pediatría y la atención primaria. Para ella, el trabajo con las infancias tiene además una dimensión especial: acompañar a los niños y a sus familias en una etapa fundamental de la vida constituye una tarea que define como “maravillosa”.

La importancia del trabajo en redes

El vínculo con las instituciones y organizaciones de la comunidad fue creciendo a lo largo de los años. Principiano recordó especialmente su acercamiento al Jardín Arcoíris, hace unos 25 o 30 años, cuando comenzó a trabajar junto a sus integrantes en distintas propuestas, entre ellas un programa relacionado con la dignidad de la mujer. En ese espacio, las primeras charlas también permitieron construir un vínculo diferente con las madres: la médica compartió aspectos de su propia vida y mostró que detrás de la profesional también había una mujer atravesada por alegrías, dolores, una familia y dificultades personales.

Ese recorrido por los jardines Arcoíris, Barrancos y El Puentecito, junto a personas como Viviana Bautista y Liliana Sevilla, fue para Principiano una verdadera escuela de vida. Según relató, esos encuentros y vínculos la hicieron crecer “como ser humano enormemente”, y ese crecimiento también repercutió en su profesión. “Lo bueno en mí es que yo pude unir la parte científica, digamos, mi crecimiento como pediatra con el crecimiento comunitario, que fue lo que me enriqueció muchísimo como persona, me permitió conocer a la gente”, destacó. Para la médica, la experiencia demuestra que el desarrollo profesional no puede separarse de la dimensión humana y comunitaria de la tarea sanitaria.

Los Centros de Salud y la mejora de la salud de la comunidad

La decisión de trabajar en atención primaria fue también una postura frente a una mirada que durante mucho tiempo consideró a los centros de salud como espacios de menor jerarquía dentro de la medicina. Principiano recordó que, incluso dentro del propio ámbito médico, trabajar allí podía ser considerado “degradante” o propio de profesionales con menor capacidad. Su experiencia, sin embargo, la llevó a sostener exactamente lo contrario: quienes trabajan en estos espacios están en contacto directo con las necesidades cotidianas de la población y sostienen buena parte de la salud desde el territorio.

La transformación que produjo ese trabajo puede observarse, según explicó, en situaciones concretas de la vida cotidiana. Como ejemplo, mencionó la disminución de las neumonías durante los inviernos y el cambio en la manera en que las familias enfrentan los problemas respiratorios de los niños. Antes, muchas internaciones se producían porque las madres no sabían cómo actuar ante una crisis; hoy, gracias al acompañamiento y la educación sanitaria, muchas pueden reconocer los síntomas, utilizar correctamente un aerosol y saber cuándo es necesario recurrir al médico. “Cambió para mejor” resume.

Principiano remarcó además que los principales beneficiarios del trabajo de los centros de salud han sido históricamente los sectores más vulnerables: las personas con menos recursos, las familias más necesitadas y quienes enfrentan mayores dificultades sociales. Sin embargo, advirtió que sostener esa tarea se vuelve cada vez más difícil por la falta de medicamentos y de personal en los centros de salud. Para la médica, esta situación representa un problema grave, porque la atención primaria constituye una herramienta fundamental para mejorar la salud de toda la comunidad.

La actualidad

Al mirar su recorrido, Principiano también destacó el aprendizaje que recibió de las comunidades con las que trabajó. Aseguró que nunca sufrió agresiones por parte de las personas y grupos con los que compartió estos espacios y que, por el contrario, recibió de ellos importantes enseñanzas de humanidad. Su balance combina la satisfacción por lo construido con la necesidad de seguir fortaleciendo los vínculos. “Me sana el alma”, expresó al hablar de ese compromiso, y aseguró que vuelve a su casa reconfortada no solo por recordar el camino recorrido, sino también por la posibilidad de continuar trabajando en equipo.

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