Mujeres rurales de El Encón, San Juan, participan de un curso impulsado por una organización campesina. La iniciativa busca fortalecer la autonomía, la confianza y el acceso a la licencia de conducir.
Doce integrantes de la Cooperativa de Trabajo Martina Chapanay participaron esta semana del curso “Yo Manejo Mi Vida”, una propuesta de formación que combina clases teóricas y prácticas de conducción, mecánica básica y educación vial, con un objetivo que va mucho más allá de aprender a manejar: fortalecer la autonomía de las mujeres rurales.
La capacitación comenzó el lunes de la pasada semana y se desarrolló durante toda la semana con el acompañamiento de las facilitadoras Daniela Nievas y Noelia Castro. El curso está destinado exclusivamente a mujeres de la cooperativa. Daniela contó que ella misma aprendió a conducir años atrás en una edición anterior del mismo curso y destacó el impacto que tuvo en su vida: “aprender a manejar también significa poder decidir cuándo, a dónde y con quién ir. Eso da autonomía y cambia muchas cosas”.




Las participantes coincidieron en que uno de los aspectos más valiosos de la experiencia es que el aprendizaje se desarrolla entre mujeres, en un espacio de confianza y contención.
Joana explicó que decidió sumarse porque siempre había sido su sueño aprender a manejar para dejar de depender de otras personas: “quiero salir tranquila, sin tener que depender de los tiempos de nadie”, expresó, mientras que otras compañeras reconocieron que llegaron con miedo a tocar un vehículo, pero que fueron ganando seguridad con el correr de las prácticas.
Julieta, otra de las participantes, relató que incluso teniendo una camioneta familiar nunca se había animado a conducirla porque sólo había practicado de manera esporádica: “los miedos quedaron más afuera del vehículo que adentro. La confianza que genera este espacio hace la diferencia”, afirmó.
Las mujeres también remarcaron la importancia de aprender con instructoras y compañeras que comparten experiencias similares. Explicaron que muchas veces intentar aprender con familiares o parejas termina siendo frustrante por la falta de paciencia o por situaciones de violencia simbólica que suelen atravesar las mujeres al volante.
Además de las prácticas de conducción, el curso incorpora contenidos de mecánica básica, como el cambio de neumáticos, estacionamiento y otros conocimientos necesarios para desenvolverse con mayor seguridad. El objetivo final es que todas puedan obtener la licencia de conducir.
Una conquista que nace de la organización
Daniela Nievas subrayó que este tipo de iniciativas sólo son posibles gracias al trabajo colectivo de la organización: “los fondos para el combustible y para las facilitadoras existen porque hubo compañeras y compañeros que gestionaron proyectos. En un contexto donde muchas veces se cuestiona el rol de las organizaciones, estas experiencias muestran que es justamente la organización la que hace posible responder a necesidades concretas de la comunidad”, señaló.





También destacó que el vehículo utilizado para las prácticas fue facilitado por la Unión Campesina y Territorial y que la propuesta despertó interés en otros vecinos de la comunidad, incluso entre varones que consultaron por futuras capacitaciones.
Mientras tanto, las participantes continúan preparándose para dar un paso más: hacia la obtención de su licencia y, sobre todo, hacia una mayor autonomía en su vida cotidiana. Al finalizar la semana se realizó una entrega de certificados y de un llavero con el logo de la iniciativa para que en algún momento coloquen allí la llave de su vehículo. Además de un carnet de conducir simbólico “que ninguna autoridad puede entregar ni quitarles, es el símbolo de la confianza en ellas mismas” señaló Daniela para finalizar.
Compartimos la charla completa con la integrantes de la cooperativa: