Murat Yakin, DT de Suiza

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Corre el año 1974. Va tan rápido que para el 15 de septiembre ha dejado atrás la final entre Alemania y Holanda. El matrimonio Yakin recibe al pequeño Murat en una clínica de Basilea. Demasiados signos de su destino escrito: Alemania campeón, La Naranja Mecánica hecha jugo, el Coco Basilea. La mamá, Emine, (destinada al hip hop pero que prefirió huir de Turquía hacia Suiza, cambiando luna por cruz de una misma bandera), abraza y amamanta al pequeño Murat. “Murat…”, dice entre lágrimas. Ella quiso ponerle ese nombre que significa “deseo”, “anhelo”, “propósito” o “el objetivo”. Tuvo que pelear con el padre, Mustafá Yakin, un tosco soldador que quería ponerle “Beckenbauer”.

De pequeño, Murat jugaba a la pelota en las desoladas plazas de Basilea, armando los arcos con dos pilas de oro nazi que traían los suizos descendientes de suizos de las casas de sus padres. Los partidos del potrero helvético eran tibios, neutrales: jugaban por el chocolate.

En 1977, nació un hermanito. La madre logra bautizarlo como Hakan, que significa “gobernante” o “emperador”. El padre está de acuerdo. Hakan Rummenigge Yakin fue más que un hermano para Murat. Pronto fue su compañero de fútbol, su compinche en las travesuras (abrían cuentas en los bancos a nombre de personajes de fantasía), su aliado en la cancha.

Cuando crecieron, un hermanastro que vivía en el altillo de la casa los llevó a probarse al FC Concordia Basel, en el cantón entrerriano. Quedaron los dos y pronto Murat pegó el salto al Grasshopper.

Aprovechando este chiste, adelantaremos la historia hasta 1997, el momento en que Murat Yakin es el defensor estrella del Grasshopper y es comprado por el Stuttgart en 3,25 millones de euros. El padre, que lleva ya 12 años separado de la madre de Murat, festeja (si es que vive) por los millones pero más por el destino hacia su querida Alemania, ahora ya definitivamente reunificada.

Dura poco el sueño teutón. Al otro año los alemanes se lo encajan al Fenerbahce por 4 millones de euros, aprovechando su ascendencia turca y que los turcos compran cualquier cosa.

Pasa dos años intrascendentes en el Fenerbahce viendo como el Galatasaray sale campeón y queda libre. Los turcos se lo regalan al FC Basel y Murat vuelve a vivir, esta vez como farsa, la tragedia de la madre abandonando Turquía por Suiza.

El efecto Y2k genera en Murat una revelación. En los próximos cinco años gana todo con el FC Basel. Con “todo” nos referimos a la Superliga suiza y la Copa de Suiza. Pero, ¿gana todo? Todo no, en la eurocopa y en la champions ni pintó. O mejor dicho, pintó un zócalo, una puerta, en el partido que le ganaron al Celtic de visitante para clasificar a la próxima eliminación.

De su etapa como jugador tenemos que hablar del partido que jugaron el Grasshopper, el club que lo vio nacer, contra el FC Basel, el club que lo va a ver morir.

Fue el 1 de septiembre del 2002, en la temible cancha del Grasshopper, donde la hinchada no para de saltar, es la afición menos inglesa del europa.

La FIFA ya dió con éxito el pequeño paso para el negocio de poner sedes de mundiales en varios países sin tradición futbolera. En el otoño que se aproxima, Murat sale al campo de juego acompañado de Christian Gimenez, el temible – en todo sentido- jugador surgido en Boca y macerado en Nueva Chicago, que había llegado unos años antes al Lugano III, el Lugano europeo, donde llamó la atención del FC Basel que lo compró. El “nómade” Gimenez luego recorrió europa como un fantasma.

Pero volvamos a esta tarde en donde de un lado tenemos al actual DT de Suiza, nuestro próximo rival, junto a Christian Gimenez y del otro lado al Chipi Barijho y Richard Nuñez, el recordado jugador de Danubio.

El encuentro arranca con un gol del Chipi con asistencia del Richard a los 7 minutos. Minutos después lo empata el FC Basel de penal, un penal dudoso pero la duda no tiene lugar en el fútbol suizo. O sí, bajo la forma de penal, que es la única duda que se permite el pueblo helvético.

El partido no da tregua, tampoco guerra total, es una batalla tranqui, neutral. Los Saltamontes se ponen otra vez arriba, algo que no les cuesta, con gol de Richard Nuñez. Parece que el resultado se encamina para el local pero el visitante vuelve a empatar en el último minutodel primer tiempo. El gol lo hace Christian Gimenez ¿Quién si no?

Los equipos se van al descanso y Murat, que ya veía en el horizonte su futuro como DT, le saca el micrófono al entrenador (Christian Gross, un nadie) y hace su primera arenga “tenemos mejores quesos que ellos”.

El partido siguió trabado hasta que promediando el segundo tiempo, los visitantes sentenciaron el partido con un gol de Murat Yakin. ¿quién si no?

¿Es este antecedente un peligro para Argentina? Es un DT que ya tiene la experiencia de derrotar al Chipi Barijho. Decimos: No. Christian Gimenez ha estado enviando informes de todos sus secretos en microfotografías y un código más fuerte que el ENIGMA, que Walter Samuel decodifica con una falsa lámpara que tiene en la concentración argentina.

Sin embargo, a los partidos hay que jugarlos.