Por qué el endeudamiento golpea la salud mental de los más jóvenes

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Marco David Moroni, del Foro de Derechos Humanos y Salud Mental de San Juan, analizó en Radio La Lechuza cómo la deuda produce angustia, culpa y desarticulación social entre jóvenes.

En una nota, escrita por Gonzalo Páez para La Mecha, se plantea la pregunta que disparó la conversación radial: ¿cómo afecta el endeudamiento a la salud mental de los más jóvenes? Para Moroni, la deuda dejó de ser un simple vínculo entre dos personas que se deben dinero mutuamente para convertirse en lo que definió como “un imperativo social”. No se trata, aclaró, de un articulador de la vida en comunidad, sino de una imposición que atraviesa a amplios sectores de la población.

El especialista sostuvo que detrás de este fenómeno existe un sistema que produce pobreza de manera deliberada para ciertos grupos sociales, y que la deuda funciona como la respuesta obligada frente a necesidades que se van acumulando sin resolverse. Según explicó, esto no solo genera angustia, ansiedad y malestar subjetivo en quienes la padecen, sino que también provoca una fuerte desarticulación social: rompe los lazos entre las personas.

Moroni fue más allá y planteó una lectura política del fenómeno. A su entender, cuando un segmento amplio de la sociedad está endeudado, sus consumos, conductas y aspiraciones quedan profundamente limitados. La deuda actúa entonces como una herramienta de control: restringe el margen de movimiento de las personas, sus familias y su entorno cercano. Citó como dato que un 40% de la población no llega a cubrir sus deudas, lo que en la práctica reduce drásticamente su capacidad de proyección y de acceso a bienes y oportunidades.

Uno de los ejes centrales de la charla fue la dificultad que genera la deuda para reconocer que se trata de una situación colectiva. Moroni advirtió que este mecanismo impide entender que gran parte de la sociedad atraviesa “un infortunio común”, retomando una idea del psicoanalista Sigmund Freud, para quien parte de la salud mental consiste en poder pasar de la angustia individual a la comprensión de ese padecimiento compartido.

En ese sentido, el entrevistado trazó un paralelismo entre los mecanismos de endeudamiento cotidiano y las lógicas de organismos financieros internacionales como el Fondo Monetario Internacional, que según su análisis buscan perpetuar la deuda como forma de dominación antes que su efectiva cancelación.

Consultado sobre cómo acompañar a un vecino, amigo o compañero que atraviesa una situación de sobreendeudamiento y que suele sentir vergüenza o culpa por su situación, Moroni fue contundente: la deuda tiene una enorme capacidad de generar culpa moral. Esa culpa, explicó, lleva a las personas a pensar que su situación se debe a que “no pudieron”, “no merecen” o “no hicieron lo correcto”, lo cual oscurece la dimensión política y estructural del problema.

El psicólogo remarcó que la salida individual, incluso pagando la deuda, no resuelve el problema de fondo, porque el sistema de empobrecimiento continúa produciendo nuevas situaciones de endeudamiento. Por eso, sostuvo que las respuestas deben ser colectivas: organizarse, cuestionar el sistema y construir lazos con el entorno más próximo.

En ese punto, hizo una distinción entre los distintos tipos de acreedores. Mientras remarcó la importancia de sostener los compromisos con actores como el almacén de barrio, al que definió como un aliado dentro del tejido social del barrio, planteó una mirada más crítica sobre las deudas contraídas con grandes cadenas o plataformas financieras.