Luis Jiménez, especialista en gestión del agua, sostuvo que las nevadas de este invierno representan un alivio para los embalses y acuíferos, pero advirtió que el verdadero desafío sigue siendo transformar la forma en que San Juan administra y valora un recurso cada vez más escaso.
Las abundantes nevadas registradas este invierno en la cordillera generan expectativas de recuperación para los embalses y las reservas hídricas de San Juan. Sin embargo, para el ingeniero Luis Jiménez, ese escenario favorable no debe interpretarse como el fin de la crisis hídrica.
Durante una entrevista con «Rastrojero Diesel», el especialista remarcó que la sequía es un fenómeno climático, mientras que la crisis del agua responde a decisiones humanas. “Las crisis no las produce la naturaleza, las producen los humanos”, afirmó, al cuestionar un modelo de gestión que, según sostiene, continúa apoyándose en una “cultura hídrica de la abundancia”.
Jiménez consideró que un año con mayor disponibilidad de agua puede generar una falsa sensación de tranquilidad y retrasar las reformas estructurales que la provincia necesita. En ese sentido, insistió en que el principal cambio debe ser cultural: dejar de distribuir el agua en función de la oferta y comenzar a hacerlo según la demanda real de los cultivos.
El agua como eje de la biodiversidad
Uno de los ejes centrales de su planteo fue que el agua no puede ser entendida únicamente como un recurso económico. Explicó que constituye un componente esencial de la biodiversidad y del funcionamiento de los ecosistemas, por lo que su preservación resulta indispensable para la vida.
Como ejemplo, mencionó que en distintos países europeos ya se impulsan políticas orientadas a recuperar cauces naturales de los ríos y revisar el impacto de los grandes embalses sobre el equilibrio ambiental, una mirada que, a su entender, todavía está lejos de instalarse en Argentina.
Darle valor para administrar mejor
Otro de los puntos que generó mayor desarrollo en la entrevista fue la necesidad de asignarle un valor económico al agua, aclarando que eso no implica privatizarla ni convertirla en una mercancía.
Jiménez sostuvo que conocer cuánto cuesta producir, transportar y administrar el recurso permitiría diseñar políticas más justas, donde quienes realizan mayores consumos afronten mayores costos y los pequeños productores reciban subsidios específicos.
Según explicó, la ausencia de ese debate termina beneficiando a los grandes usuarios porque toda la sociedad financia, mediante impuestos, buena parte de la infraestructura hídrica sin distinguir entre distintos niveles de consumo. También defendió la implementación de tarifas escalonadas como una herramienta para incentivar el uso eficiente del agua.
Regar según la demanda
El especialista también cuestionó el sistema actual de distribución del agua para riego y propuso recuperar criterios técnicos que permitan asignar el recurso de acuerdo con las hectáreas efectivamente cultivadas y las necesidades de cada producción.
Para ello planteó la necesidad de realizar relevamientos periódicos de la superficie cultivada y abandonar un esquema basado exclusivamente en los derechos históricos de riego, al que responsabilizó por parte de la sobreexplotación de los acuíferos.
Un debate pendiente
Jiménez reconoció que durante el último año hubo avances en la construcción de un diagnóstico compartido entre organismos científicos, sectores productivos y el Estado, aunque consideró que ese proceso perdió impulso y aún no existe un acuerdo político para avanzar en cambios de fondo.
Mientras tanto, insistió en que las importantes nevadas de este invierno representan una oportunidad, pero no una solución definitiva. “La sequía puede ser cíclica; la crisis hídrica no. La crisis es consecuencia de cómo administramos el agua”, concluyó.