La inauguración de El Quemado fue presentada como un símbolo de modernización y futuro energético. Pero detrás de los discursos sobre inversiones millonarias y transición energética, aparecen interrogantes sobre el impacto real para las comunidades más cercanas: ínfimos puestos de trabajo permanentes, escasos beneficios concretos y municipios con limitada capacidad de exigencia.