Desde Lavalle advierten sobre la crisis hídrica, la falta de inversión y los riesgos de perder uno de los principales patrimonios ambientales de Mendoza.
La muerte de un motociclista en Las Heras tras la caída de un árbol durante el viento Zonda del pasado miércoles volvió a poner en discusión el estado del arbolado público en Mendoza. El hecho ocurrió este fin de semana y generó preocupación en distintos departamentos de la provincia, donde desde hace años especialistas y trabajadores del área vienen alertando sobre el deterioro progresivo de la cobertura arbórea urbana.

En Lavalle, el ingeniero agrónomo Pablo Castellanos, especialista en arbolado público y actual responsable del área municipal, analizó la situación y sostuvo que el problema debe entenderse como una consecuencia de años de falta de inversión, crisis hídrica y ausencia de planificación integral. “El arbolado público en Mendoza no es un simple elemento ornamental del paisaje. Es una infraestructura ambiental esencial para la vida de una provincia atravesada por condiciones de aridez”, afirmó.
Castellanos explicó que Mendoza construyó históricamente un modelo de oasis basado en el manejo del agua y la forestación urbana, lo que permitió transformar zonas desérticas en espacios habitables. En ese sentido, recordó que la provincia fue reconocida por la FAO como “Ciudad Árbol del Mundo” y destacó que la Ley Provincial 7874 declara al arbolado público como patrimonio cultural y natural mendocino. “El arbolado junto a la red de acequias constituye uno de los patrimonios ambientales, culturales y paisajísticos más valiosos de Mendoza”, señaló.
Sin embargo, advirtió que en las últimas décadas ese patrimonio sufrió un deterioro constante producto de múltiples factores. Entre ellos mencionó el envejecimiento natural de muchas especies históricas, las podas incorrectas, las obras de infraestructura realizadas sin criterios adecuados, la reducción de superficies absorbentes y la escasa reposición de ejemplares.
Según detalló, muchas especies tradicionales del paisaje mendocino; como álamos, plátanos, moreras y paraísos; fueron plantadas hace más de medio siglo y actualmente presentan problemas sanitarios. En el caso específico de los paraísos, además, existe un fitoplasma que provoca el secado progresivo de los árboles.
A esto se suma el impacto de la crisis hídrica y el cambio climático. Castellanos explicó que la disminución de caudales en los ríos Mendoza y Tunuyán, vinculada a la menor acumulación nívea y al retroceso glaciar, redujo la disponibilidad de agua para riego, incluyendo el abastecimiento de las acequias urbanas. “Un árbol que no tiene agua entra en estrés, se debilita, se vuelve más vulnerable a plagas y enfermedades y finalmente muere”, indicó.
El ingeniero aseguró que esa situación también modifica el comportamiento estructural de los ejemplares y vuelve más impredecibles las caídas durante contingencias climáticas. “Hay árboles secos y deteriorados que siguen en pie y, en cambio, terminan cayéndose árboles que parecían estar en mejores condiciones. Eso ocurre porque la falta de agua hace que desarrollen raíces más superficiales y pierdan capacidad de anclaje”, explicó.
Además del impacto ambiental, Castellanos remarcó las consecuencias sociales y económicas de la pérdida de arbolado. Señaló que las calles sin sombra alcanzan temperaturas mucho más elevadas durante el verano, aumentando el consumo eléctrico y empeorando la calidad de vida de la población, especialmente de niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas. “La disminución del arbolado también reduce el valor paisajístico y patrimonial de Mendoza. Cuando los turistas describen la provincia siempre hablan de la arboleda y de las acequias”, sostuvo.
Otro de los puntos centrales que planteó fue la falta de presupuesto destinado al mantenimiento y extracción de ejemplares peligrosos. Explicó que remover árboles de gran porte requiere maquinaria especializada y costos elevados: “sacar un ‘arbolito’ no cuesta nada, pero cuando hay que sacar una casuarina, un eucalipto o un aguaribay, estamos hablando de horas de grúa y de pluma, y sale muy caro”, informó que “sacar un ejemplar de 15 metros puede costar cerca de 800 mil pesos y árboles de 30 metros llegan a costar hasta 5 millones, el otro día veíamos unas casuarinas en Tres de Mayo de esas características, entonces muchas veces se priorizan otras urgencias y el arbolado queda relegado”.
En ese sentido, consideró que las tragedias ocurridas el año pasado en Maipú, donde falleció una mujer, y ahora en Las Heras, exponen la necesidad de destinar mayores recursos al mantenimiento preventivo.



Castellanos sostuvo que la solución no pasa solamente por plantar árboles, sino por desarrollar políticas públicas sostenidas y estratégicas. Entre las medidas necesarias mencionó la selección de especies adaptadas a zonas áridas, el fortalecimiento de los sistemas de riego, la capacitación técnica y la elaboración de inventarios digitales para monitorear el estado sanitario del arbolado.
En Lavalle, aseguró, ya trabajan con sistemas de información geográfica para registrar ejemplares y detectar zonas con déficit de cobertura vegetal. “El arbolado debe incorporarse al ordenamiento territorial como infraestructura verde, al mismo nivel de importancia que las redes viales, energéticas o sanitarias”, afirmó.
El especialista también se refirió a la reciente modificación de la Ley de Arbolado Público y expresó preocupación por la descentralización de la autoridad de aplicación. “Antes existía una conducción provincial única y eso permitía mantener criterios homogéneos. Ahora corremos el riesgo de tener distintos criterios según cada municipio y eso puede fragmentar la política pública del arbolado”, advirtió.
Finalmente, insistió en que cualquier reforma debería apuntar a fortalecer la protección del patrimonio verde mendocino y no a debilitarla. “Un árbol adulto demora entre 20 y 30 años para expresar plenamente todos sus beneficios ambientales. Pero perderlo puede llevar apenas unos minutos. Cuidar el arbolado es cuidar la esencia misma de Mendoza”, concluyó.